VICTORIA SOBRE EL PECADO

 

 Por Ricardo López F.

Romanos 6:15-23

¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Alguien preguntó una vez: ¿puede acaso un hombre siendo viejo, entrar nuevamente en el vientre de su madre y nacer de nuevo?  ¿Recuerda Usted? …pues bien:

Este tipo de razonamientos brotan cuando pretendemos entender las cosas espirituales de Dios desde una perspectiva humana, o natural.

Cuando alguien intenta acomodar lo espiritual a lo natural se va a dar cuenta que no encaja, no cabe; es como pretender meter un elefante en una caja de fósforos.

Pero cuando acomodamos lo espiritual a lo espiritual, encaja perfectamente de tal forma que entenderemos los asuntos de Dios.
No tratemos de aplicar la lógica humana a las cosas que son del Espíritu porque seguramente no vamos entender muchas cosas y, si fácilmente, podremos confundir otras.

Vivir sin pecar tiene que ver directamente con la Santidad. En el heb.qados y el gr. Hagios. Y significa: Cortar o separar, denota entonces la separación de una cosa o persona de su uso común para el uso divino. Aunque tenemos que hacer, claro está, una distinción entre la santidad que es el propio ser de Dios y la santidad que pone de manifiesto el carácter de su pueblo.

Somos separados, exclusivos para Dios. Es como dice 1 Corintios 6:19¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. La santidad es un estado de pureza espiritual. Básicamente ser santo es vivir apartados para Dios, dedicados a Dios; ser exclusivos de Dios.

Lucas 1:73, Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, Que nos había de conceder Que, librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días.

Para el cristiano la santidad no es una opción, Dios dice: "sed santos porque Yo soy Santo", es decir, es una condición, un mandato divino, un estado en el que el hombre de Dios debe conservarse.

La santidad no es una lista de prohibiciones: no tomes, no comas, no mires, no toques… si lo miramos así, nuestra vida cristiana será muy gravosa, un tormento. La Biblia dice que esos son preceptos y que no debemos someternos a ellos:

Colosenses 2:20-23: Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22(en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? 23Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

Lo importante no es lo que yo hago o dejo de hacer, no es la acción en sí lo relevante en este asunto; sino, porque lo hago o porque lo dejo de hacer. Porque si yo no bebo licor porque soy evangélico, o porque, que dirá mi familia, o que dirá el pastor, si esas son las razones, entonces, da igual si lo hago o no, porque no he muerto al pecado, solo estoy reprimido, pero el deseo de pecar está allí, entonces en ese contexto da igual, porque no hay un arrepentimiento genuino, que es lo que realmente le interesa a Dios. Es como el que dice: "Yo lo mataría, pero no lo hago porque la ley dice: no matarás". Está sujeto por temor a la ley, pero de corazón es homicida porque tiene el deseo de hacerlo, sólo que a causa de la ley está reprimido, y se expresa así es porque eso es lo que hay en su corazón, porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Pero si yo no bebo, o mato, o robo, o miento porque he renunciado al pecado, al mundo y sus deseos,
porque ahora Cristo vive en mí y lo que ahora hago lo hago pensando en agradar a Dios, porque de verdad soy una nueva criatura, eso es lo que tiene verdadero valor para Dios, y esa debe ser la razón por la cual yo no peco.

No queremos una Iglesia llena de gente reprimida, queremos una Iglesia compuesta por verdaderos arrepentidos, integrada por nuevas criaturas, personas que han nacido de nuevo, que han hecho con Dios un Nuevo Pacto, y que ahora viven, no según la carne, sino conforme al Espíritu.

Pero, ¿cómo vivir una vida cristiana sin pecar? ¿Es posible?.. ¿Puedo yo vivir sin inclinaciones de pecado, sin un mal pensamiento siquiera?

Muchos de los errores doctrinales o de conceptos bíblicos se deben a una mala interpretación escritural. Hay quienes citan: "no hay hombre que no peque" para justificar quizá sus errores; y es verdad, eso lo dice la Biblia (1R 8:46; 2 Cró.6:36). Pero, ¿en que contexto lo está diciendo?

Aquí Salomón está orando a Dios, y si usted nota, la expresión en cuestión está encerrada en un paréntesis, porque es una nota aclaratoria que hace, no Salomón, sino el traductor de la escritura, basado en las experiencias del hombre bajo la ley. No hubo quien cumpliera la ley. Todos fallaron, hasta Moisés, Josué, Caleb. Ningún hombre pudo cumplir la ley, sólo Cristo.

Pero la Gracia es otro asunto:

Porque si leemos: 1Jn. 3:6 dice: "Todo aquel que permanece en él, no peca…" y el verso 9: Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar porque es nacido de Dios. ¿Cuál es la simiente de Dios? Cristo. Entonces en Cristo no se peca, porque no hay pecado en él. 

Lea: Romanos 6:1-14: ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Vamos a explicarlo de esta manera: el que pecaba, el que vivía según la carne, el que obedecía al pecado era el viejo hombre; pero resulta que ese ya se murió y fue sepultado en el bautismo y Dios resucitó a otro, una nueva criatura, dice la Escritura: creada según Dios. Es decir, de aquel hombre viejo ya no queda memoria porque está sepultado.

Ahora bien, en ese mismo contexto: ¿Quiénes pecan? Los que viven según la carne, bajo la influencia misma del pecado, alejados de Dios… ¿Quiénes no pecan? Los que hemos nacido de nuevo, los que andamos según el espíritu, los que estamos en cristo… Así que los hombres pecan en un contexto y no pueden pecar en otro contexto.

Entonces, si se puede vivir una vida cristiana sin pecar. "Hermano, ¿Ni siquiera un mal pensamiento?" Mire, que no todos hemos alcanzado ese nivel, eso es otra cosa. Pero no ponga por imposible lo que Dios dice, porque ya leímos: Todo aquel que permanece en Dios NO PECA.

Lo que sucede es que tenemos la tendencia a juzgar por nuestras propias limitaciones: "si yo no puedo, nadie puede". (Es una forma egoísta y hasta arrogante de pensar).

La Biblia a mí me dice que yo puedo vivir sin pecar, y si lo dice Cristo yo lo creo, no me importan lo que otros piensen o digan, si lo dice la Biblia es verdad. Siéntase comprometido con lo que Dios dice, no con lo que otros piensen. Si es preciso replantear muchos conceptos aprendidos en nuestras vidas, debemos hacerlo.

¿Por qué el hombre natural peca? –Porque está bajo la influencia de Satanás, porque es carnal, porque no conoce a Dios, etc., etc., etc.

Ahora bien, ¿Por qué un cristiano llega a pecar? ...

No tratemos de encontrar la respuesta en conceptos. No son conceptos, esto es algo mucho más profundo que un concepto. Tiene que ver con el estado espiritual en que el hombre se encuentra. El hombre peca por su estado, vamos a explicarlo así:

A usted le cae un ladrillo en la cabeza. Yo le pregunto: ¿por qué le duele la cabeza? Ud me responde: Hno, me cayó un ladrillo. Parece la respuesta más lógica, más razonable, pero no lo es, es muy superficial. Las cosas de la vida tienen una razón de ser mucho más profundas de lo que pensamos.
A usted no le duele la cabeza por el ladrillo, el ladrillo es sólo un agente externo que causó una reacción interna. Dentro de usted hay unas terminales nerviosas conectadas en todo su cuerpo, y a su vez al cerebro; ellas mandan la información del impacto que usted recibió y del lugar donde se produjo, al cerebro, este, procesa esta información y envía la orden al sistema nervioso central y a los puntos neurálgicos o terminales del dolor. En cuestión de segundos estas se dirigen al sitio del golpe y provocan una reacción química y física que entendemos como dolor. Por eso a usted le duele la cabeza.
Si a usted le hicieran una cirugía y le sacaran el sistema nervioso central, y lo dejaran sin terminales nerviosas… le pueden caer 300 ladrillos en la cabeza que usted no va a sentir ni cosquillas. Como cuando le hacen a uno tratamiento conducto: extraen el nervio y la muela no duele más.

¿Qué quiero significar con todo esto? Yo creo que usted me ha captado el sentido de este asunto. Jesús en el bautismo saca, extrae, echa fuera de nosotros todo aquello que nos incitaba al pecado, en eso precisamente consiste la libertad, por eso decimos que somos libres, porque el pecado ya no se enseñorea de nosotros.

Lea: Colosenses 2:11-15, En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

De tal forma que no hay nada en aquel que está en Cristo, que le haga pecar.

Así se da el pecado en el hombre natural: él es vendido al pecado, su naturaleza es pecaminosa, y lo que hacen los factores externos es activar lo interno que hay en él, es decir, el pecado mismo.

El hombre es borracho no por culpa del licor, el problema es mucho más que una botella, es el pecado que mora en él. Por eso es que muchos fracasan en su intento por cambiar, porque no atacan el problema en la raíz, la solución no está en Alcohólicos Anónimos y perdóneme, gracias a esta institución y la loable labor que ellos lideran, pero la respuesta, la solución no se encuentra en la buena intención de las personas, ni en sus métodos, la solución definitiva al gran problema del hombre, que es el pecado,  está en Jesucristo, el único que puede cambiar la vida del hombre es Jesús, el Salvador de nuestras almas.

"Jesucristo es el Cordero de Dios que QUITA el pecado del mundo"

Así sucede en el cristiano, de acuerdo al estado en que se encuentre así será su respuesta a la influencia externa del pecado. Recuerde que el problema del pecado es interno. En el bautismo experimentamos cambio de estado más no de naturaleza. Pasamos de un estado pecaminoso a un estado de santidad, de un estado de muerte espiritual a un estado de vida en Cristo.

La Biblia dice que el bautismo nos salva pero no quita las inmundicias de la carne, ¿por qué? Porque Cristo redimió nuestras almas, pero aún no ha redimido nuestros cuerpos. En la cruz se dio la redención de nuestras almas más no la de nuestros cuerpos, ella se dará cuando seamos transformados. Redención significa liberación mediante el pago de un precio. Y Cristo pagó ese precio con su sangre, nuestra alma fue redimida o rescatada del pecado y de la muerte, pero aún permanecemos en este cuerpo, hasta que El venga y seamos transformados incorruptibles.

Romanos 8:22: Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la redención de nuestro cuerpo.

Efesios 4:30, Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Así que, ahora en Cristo nos encontramos en un estado espiritual de santidad, de pureza, de comunión con Dios, eso es estar en Cristo, eso es andar en el Espíritu, si yo me mantengo en ese estado, no peco. Si me salgo, o abandono ese estado, sucumbiré al pecado y a cualquiera de sus manifestaciones. (Y manifiestas son las obras de la carne que son…). Ya usted conoce esa lista… ¿Por qué? Porque el bautismo nos ha salvado, nos ha librado del pecado, mas no quita las inmundicias de la carne, entonces, ¿Cual es mi trabajo? Vivir en el espíritu para así sujetar a la carne y no sucumbir a sus deseos.

Entonces el cristiano que peca o tiene inclinaciones de pecado es porque se ha movido de ese estado inicial en que Dios lo colocó para que permaneciera. Cuando el creyente deja de orar, no lee la Biblia, no participa del culto congregacional, no hay culto racional en su vida, porque cada creyente debe vivir un culto inteligente, mas allá de reunirnos, orar y cantar, se trata de mi actitud hacía Dios, un reconocimiento que fue Dios quién me salvó, y yo me debo a él, por eso traigo mi vida a su presencia y me ofrezco como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, ese es el culto racional.

Porque si alguno se congrega solamente, pero su mente divaga, la adoración no sale del alma, sino de las cuerdas vocales solamente, no es un adorador en espíritu y en verdad, sino un simple espectador, y no está ofreciendo culto a Dios.

Entonces, cuando el cristiano, por así decirlo, "se sale" de ese estado espiritual de santidad, de ese cerco de protección en Cristo, ya no habita al abrigo del Altísimo, entonces se encuentra desprotegido y es presa fácil de las influencias del pecado. Por eso dice la Biblia en 1Pedro 5:8, que el diablo como león rugiente anda alrededor buscando a quien devorar.

El diablo asecha mas no llega, no puede llegar a la vida de un creyente metido, sumergido en Dios. ¿Qué sucedió con Job?

Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene?

Un cristiano que está en constante comunión con Dios el maligno no le toca, eso dice 1 Juan Cáp. 5 verso 18: "sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca". Porque estamos rodeados de ese cerco espiritual que Dios puso alrededor nuestro, nuestra vida está escondida en Dios, Mis ovejas están en mi mano, y de mi mano nadie las arrebata, dice el Señor.

No olvidemos que el problema del pecado es interno, nada tiene que ver con las influencias externas, y es importante que esto nos quede claro, porque la reacción del que comete alguna falta o peca es buscar una buena excusa echándole la culpa a lo externo, en vez de mirar dentro de sí mismo como está su vida delante del Señor en ese momento que pecó. El típico caso de Adán: "Señor la mujer que me diste…" –Y la mujer: "Señor, la serpiente me engañó…" 

Por culpa de ese hermano me aparté, el pastor no me dio cargo este año; hermano, el diablo me engañó…  Usted puede aceptar que después de toda una vida viviendo bajo el engaño y la influencia del diablo, después que la verdad me ha hecho libre, ¿ahora el diablo me pueda engañar? No seamos niños.

Tenemos que pararnos firmes como hijos de Dios que somos y tener el valor de aceptar nuestra responsabilidad cuando nos equivocamos.

Nada, escuche esto: nada justifica el pecado…

Daniel fue al foso de los leones, pero no sucumbió al pecado… Sadrac, Mesac y Abeg Nego fueron al horno de fuego, pero no sucumbieron al pecado… es que eran fanáticos… no, eran hombres metidos en Dios, tenían una comunión constante con Dios, vivían en un estado de santidad.

No culpe jamás a otro de lo que usted haga, ni a las circunstancias, sea serio, sea responsable y enfrente las consecuencias de sus actos.

Así como alguno fue valiente para pecar, que sea igual de valiente para aceptar la culpa y confesar, porque el que confiesa su pecado y se aparta alcanzará la benevolencia de Jehová.

Y los que estamos en Cristo, mantengámonos firmes, no desmayemos porque permaneciendo firmes hasta el final tendremos de Dios la corona de vida que el tiene preparada para todo aquel que permanece en él.

Cristo Jesús, en el calvario, nos dio la victoria sobre el pecado… por medio de él somos más que vencedores. Nos rescató de nuestra vana manera de vivir, del lodo cenagoso nos sacó, nos limpió y nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, de tal modo que el pecado no nos puede alcanzar, si permanecemos donde Dios nos ha puesto hasta el día de su venida.

Colosenses 3:1-4, 1Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado, Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

Vale la pena guardarnos para Dios, permanecer en Santidad, y así como él es Santo, ser nosotros santos también, mantenernos íntegros delante de Él.
Para el día en que el se manifieste no nos alejemos de El avergonzados, sino que reinemos con él por toda la eternidad.

El Señor Jesucristo les continúe bendiciendo.

Hno. Ricardo López F.

Iglesia Pentecostal Unida de Colombia

 

 

DE REGRESO A ESTUDIOS BIBLICOS

 

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