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Por Edwing López /
lasendaantigua.com
“Pelea la buena batalla de la fe,
echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo
hecho la buena profesión delante de muchos testigos” (1 Timoteo 6:12).
Saludo en el glorioso Nombre de Jesucristo a todos
los hermanos y amigos del Foro Pentecostales Apostólicos Del Nombre. Una
vez más estoy aquí para compartir con todos de las ricas bendiciones que
mí Señor Jesús me da en mí tiempo personal de Estudio Bíblico. Es muy
importante separar un tiempo para escudriñar la Palabra de Dios y
alimentarnos. En la Palabra de Dios encontramos todas las riquezas
espirituales que nos harán crecer saludablemente mientras esperamos la
Gloriosa Venida de Nuestro Señor Jesucristo, Único Dios y Salvador del
Mundo.
El apóstol Pablo comienza diciéndonos: “Pelea la
buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo
fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos
testigos” (1 Timoteo 6:12). Comenzaremos por definir el verbo
pelear.
El verbo pelear procede del verbo griego que
significa agonizar con el sentido de esforzarse intensamente.
El Apóstol Pablo considera la vida cristiana como una lucha intensa que
requiere perseverar en la fidelidad a Jesucristo y requiere contender
con los adversarios del evangelio de la verdad. En otras palabras se le
está haciendo un llamado a todos los creyentes a defender el evangelio
en cualquier ocupación en la que Dios los haya puesto. Esto es
exactamente lo que el Apóstol Pablo le dijo a la iglesia de Efesios.
“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que
podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos
lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes
espirituales de maldad en las regiones celestes”
(Efesios 6:11-12).
No hay duda que los creyentes estamos en un conflicto
espiritual contra el mal. Ese conflicto se define como una batalla de fe
que continúa hasta que pasen a la vida venidera. El Apóstol Pablo nos
dice: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he
guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la
cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino
también a todos los que aman su venida” (2Timoteo 4:7-8).
La victoria de la batalla de la fe esta garantizada
por nuestro Señor Jesucristo quién libró una batalla triunfante contra
Satanás, desarmó a los principados y a las potestades del mal, llevó
consigo a los cautivos y redimió al creyente del poder de Satanás.
Nosotros tenemos que pelear esta batalla de la fe con la unción del
Espíritu Santo en nuestras vidas. Todos los días estamos peleando contra
los deseos pecaminosos de nuestra vida interior, los placeres impíos del
mundo y toda clase de tentaciones.
Los creyentes como soldados cristianos deben de
luchar contra todo mal, no con su propio poder sino con las armas
espirituales. En esta batalla de la fe tenemos que soportar los
sufrimientos como buenos soldados de Jesucristo. “Tu, pues, sufre
penalidades como buen soldado de Jesucristo” (2 Timoteo 2:3). Como
soldados, tenemos que estar dispuestos a pasar dificultades y
sufrimientos y a librar la batalla de la fe con estera consagración al
Señor. También es necesario perseverar, vencer, estar victoriosos en
todo momento, luchar por la fe, no tener temor del adversario y hacernos
fuertes en la batalla.
En esta lucha constante, el Apóstol Pablo menciona
tres componentes importantes de esta batalla. (1) Que echemos mano de
la vida; (2) Que imitemos a Dios; (3) Que estemos contentos. En otras
palabras la buena batalla de la fe nos lleva ha esforzarnos intensamente
hasta apropiarnos de la victoria.
Echemos mano de la vida:
“Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual
asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de
muchos testigos” (1 Timoteo 6:12). El
Apóstol Pablo nos esta diciendo que:”Echemos mano de la vida”, que es
nuestro primer componente de esta batalla. Esto es como el cinturón de
seguridad de vida que nos tenemos que poner cada vez que entramos en
nuestro automóvil para conducirlo. Es ley en mi país (Estados Unidos)
amarrarnos dentro del automóvil para evitar accidentes que nos ocasionen
daños. En esta batalla para echar mano de la vida tenemos que apreciar
y entender el significado y valor de la vida eterna.” Amárrate a ella y
no la pierdas”, “échale mano”.
Dado que nosotros en nuestra humanidad somos débiles,
no podemos agarrar bien la salvación por nuestra propia fuerza. Entonces
tenemos que echarle mano a la vida, asegurándola con fidelidad,
consagración y dependencia total en Dios. Necesitamos pelear la buena
batalla de la fe tomados de la mano de Jesucristo. Esto me recuerda la
anécdota del niño de tres años que va caminado con su padre. El papá
trata de tomar la mano del niño para asegurarlo al cruzar la calle, pero
el niño quiere caminar solo sin la ayuda de su padre. Finalmente usted
sabe lo que sucedió, el niño terminó cayendo sobre el pavimento. Ahora
el niño se pone en pie y le dice a su padre; “Papi déjame tomar tu
mano”, pero su manito era muy pequeña para poder tomar la mano de su
padre. Finalmente el niño reconociendo su dificultad le dice a su padre:
“Papá ¿ puedes tomar mi mano? Necesitamos pelear esta batalla tomados de
la mano del Señor Jesús.
Imitemos a Dios:
“Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la
piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre”
(1 Timoteo 6:11). El Apóstol Pablo nos menciona el segundo componente de
nuestra batalla, “que imitemos a Dios”Nuestra lucha es para ser
imitadores de Dios. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de
mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para
vuestras almas” (Mateo 11:29). Nosotros como creyentes hemos tomado
a Dios por nuestra Porción, y estamos batallando por llegar a la ciudad
que tiene fundamentos. Como imitadores de Dios seguimos la justicia y
rectitud en todo trato con los hombres. Debemos tener la fe, la
paciencia y la mansedumbre, soportando con espíritu sereno todas las
adversidades y contradicciones. “Estas cosas os he hablado para que
en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he
vencido al mundo” (Juan 16:33).
Estemos contentos: “Porque
nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que,
teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que
quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias
necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición”
(1 Timoteo 6:6-9). El estar contento dependerá de nuestra actitud.
A veces queremos recibir solo cosas buenas y a nuestra manera. La
batalla de la fe nos invita a estar contentos con lo que tenemos, sin
caer en las trampas de la avaricia y riquezas terrenales. El punto es
que el dinero y los bienes no traen la verdadera felicidad. Una de las
cosas importantes en esta batalla de la fe lo es el tiempo que dedicamos
a Dios y a Su Palabra. Nuestros tesoros están en la patria celestial.
Nuestra pelea, lucha, y batalla, es para apropiarnos de ese tesoro
celestial, que es la vida eterna.
Para concluir les puedo decir que todos los que hemos
sido llamados tenemos que pelear la buena batalla de la fe. Tenemos que
luchar desesperadamente la batalla en la cual están en riesgo nuestro
honor, nuestra vida, nuestra alma. Echa mano de la vida eterna,
¡llévate la corona de la vida eterna” a la cual fuiste llamado. Cumple
el compromiso que hiciste con Jesucristo ante muchos testigos y
crucifica tu carne, para que ganes la batalla de la fe. “Con Cristo
estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y
lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el
cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Como
único ganaremos la batalla es mediante un profundo afecto por nuestro
Señor Jesucristo y una dependencia total en Él. Los que pelean la
verdadera batalla de la fe vivirán en una comunión íntima con Él.
¡Que el Señor Jesús les bendiga!
Atentamente:
Edwin López / Presidente
Iglesia Pentecostal La Senda Antigua
Phoenix, Arizona, Estados Unidos
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