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Por David K. Bernard
Tomado del Libro: The Oneness View of Jesus Christ
Traducido por Julio César Clavijo S.
En
el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra
era Dios… Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y
vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de
gracia y de verdad (Juan 1:1, 14, NKJV)
El mensaje de la Biblia es que nuestro Creador se convirtió en
nuestro Salvador. Jesucristo es "Dios con nosotros" que vino a
"salvar a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21, 23). "Dios estaba
en Cristo, reconciliando consigo al mundo" (2. Corintios 5:19).
El
Evangelio de Juan, expresa esta hermosa verdad de una forma única,
hablando de Jesús como "la Palabra" hecha carne. Desafortunadamente,
algunos han interpretado sus declaraciones, en el sentido de que
Jesús es una segunda persona divina. Pero ¿Qué es lo que realmente
dice la Biblia?
En el
Antiguo Testamento, la Palabra de Dios (dabar en hebreo) no era una persona distinta, sino que era
Dios hablando, actuando, o revelándose a sí mismo. "Envió su
palabra, y los sanó, y los libró de su ruina"(Salmo 107:20). "Así
será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que
hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la
envié" (Isaías 55:11). La Palabra de Dios fue la expresión de la
mente de Dios, de su pensamiento y su propósito, que es Dios mismo.
Nada de
esto comprometió la Unicidad absoluta de Dios. (Véase Deuteronomio
6:4). Los hebreos sabían que Dios estaba solo y creó todo por sí
mismo: Nadie está al lado de Él, nadie es como él, nadie es igual a
Él y nadie le ayudó a crear el mundo (Ver Isaías 44:6, 8, 24;
45:5-6; 46:5, 9). Él es el único Creador y el único Salvador (Isaías
37:16; 43:11).
En los
tiempos del Nuevo Testamento, la Palabra (Logos) era un concepto
filosófico popular. En la cultura griega del Imperio Romano
Oriental, la palabra significaba la razón como principio controlador
del universo. El griego logos podía significar pensamiento
(expresado por medio de la palabra), así como la oración o la acción
(expresada en palabras). Por ejemplo, podría referirse a una obra
tal como fue concebida en la mente del dramaturgo, tal como está
escrita en el guión, o incluso en su etapa de actuación.
Para el
apóstol Juan, un judío capacitado en el Antiguo Testamento, el
trasfondo hebreo de "la Palabra" fue sin duda el más significativo.
Al mismo tiempo, él de seguro, sabía el uso que los paganos le daban
en ese momento. Bajo la inspiración divina, él utilizó de manera
única ese término, para acercar a ambos, judíos y gentiles a
Jesucristo.
Juan no
contradice el concepto judío de la unicidad absoluta de Dios (nunca
considerado como una distinción de personas). De hecho, registró la
declaración de Cristo a la mujer samaritana, de que los judíos
recibieron el concepto correcto de Dios: "Vosotros adoráis lo que no
sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene
de los judíos" (Juan 4:22). Pero Juan buscando revelar la identidad
de Jesús como el único Dios encarnado, presentó como verdaderas las
palabras de Tomás, un ilustre judío, que confesó a Jesús como "mi
Señor y mi Dios" (Véase Juan 20:28-31).
Juan
utiliza el término griego "la Palabra" como una referencia para sus
lectores, pero a diferencia de los filósofos griegos, hizo evidente
que la Palabra que era eterna, era en realidad Dios, y fue revelada
en la persona humana de Jesucristo. La Palabra es nuestro Creador,
nuestra Fuente de Vida, la Luz del Mundo y nuestro Salvador (Juan
1:3-13).
Por el
contrario, Filón, un filósofo judío de Alejandría, trató en el
primer siglo d.C. de mezclar el pensamiento judio con el griego,
hablando de la Palabra como un agente impersonal de Dios, que Él uso
para crear el mundo y que se relacionaba con él. Del mismo modo,
Justino, un filósofo que vivió a mediados del segundo siglo y se
“convirtió” al cristianismo, trató de expresar al cristianismo en
términos de la filosofía griega. Él describe la Palabra como una
segunda persona subordinada, que fue engendrada por Dios en algún
momento antes de la creación y que se convirtió en agente de la
creación de Dios. Las ideas de Justino, fueron compartidas por
algunos otros escritores del segundo siglo, que han sido llamados
los apologistas griegos, quienes influyeron en el desarrollo de la
doctrina de la trinidad durante los siglos tercero y cuarto.
El uso
de Juan es claramente incompatible con esas ideas. La Palabra no fue
engendrada en un momento determinado, sino "en el principio era la
Palabra, y la Palabra era con Dios". Por otra parte, la Palabra no
es un agente subordinado, una criatura, o un ser engendrado: "la
Palabra era Dios". El orden de las palabras griegas elegidas por
Juan es enfática, lo que significa que "La Palabra era el mismo
Dios" (Biblia Amplificada).
Una
explicación trinitaria de Juan 1:1 es insuficiente y requeriría de
un cambio mental de la definición de "Dios". ¿Es Dios el "Padre"
(como lo establece 1. Corintios 8:6)? Si es así, "la Palabra era con
[el Padre], y la Palabra era [el Padre]. ¿Es Dios "la trinidad"? Si
es así, "la Palabra era con [la trinidad], y la Palabra era [la
trinidad]". Pero los trinitarios tratan de ponerlo en ambos
sentidos, diciendo: "La Palabra era con Dios [el Padre], y la
Palabra era Dios [el Hijo]". Esta interpretación es incoherente y
errónea.
Juan
1:1 es en realidad una fuerte declaración de la deidad de Jesús y de
la prioridad de la encarnación y de la expiación en la mente de
Dios. Desde el principio, Dios previó la necesidad de la expiación y
planificó su encarnación. (Véase 1. Pedro 1:19-20; Apocalipsis
13:8.) En el principio, la Palabra de Dios (su mente, su razón, su
pensamiento, su plan) estaba con Él. Aquí la preposición griega es
pros, que no es la
palabra normalmente usada para significar “con”, sino una palabra
que ha sido traducida con más frecuencia "en cuanto a". La
connotación no es la de una persona sentada al lado de otra, sino la
de la Palabra de Dios que le pertenece o está relacionada con él.
La Palabra de Dios no es una persona distinta, así como la palabra
de un hombre no es una persona diferente a él. Por el contrario, la
Palabra de Dios es la suma total de su mente, razón, pensamiento,
plan, y expresión, que es Dios mismo; al igual que la mente de un
hombre es el verdadero y mismo hombre.
En la
plenitud de los tiempos y exactamente según el plan predeterminado
por Dios, la Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros.
Dios promulgó su plan. Se pronunció a sí mismo. La Palabra Eterna se
expresó en carne humana, y en el espacio y el tiempo. En síntesis,
la Palabra de Dios, es Dios autodeclarado o Dios autorevelado.
Es
interesante comparar estas conclusiones con los comentarios del
renombrado estudioso cristológico Oscar Cullman sobre la Palabra en
Juan 1:1:
“El propósito del autor es
precisamente contrarrestar la idea de una doctrina de dos dioses,
como si el Logos fuera un dios aparte de un Dios superior. La
'Palabra' que es Dios, no es un ser separado de Dios mismo, sino que
"estaba con Dios"… Tampoco el Logos está subordinado a Dios, porque
simplemente pertenece a Dios. No está subordinado a Dios, ni es un
segundo que está al lado de Dios… No se puede decir theos en pros
ton logon (Dios estaba con la Palabra), porque el Logos es Dios
mismo en la medida como Dios habla y se revela. El Logos es Dios en
su revelación. De este modo, la tercera frase del prólogo realmente
puede proclamar kai theos en ho logos (y la Palabra era Dios).
Nosotros no deberíamos reinterpretar esta frase, con el fin de
debilitar su absoluta nitidez...
... El evangelista quiere decir
literalmente, que él llama al Logos 'Dios'. Ello se ve confirmado
también por la proclamación del Evangelio, cuando el creyente Tomás
le dijo al Jesús resucitado, "Señor mío y Dios mío" (Juan 20:28).
Con esta última prueba testimonial, el evangelista completa el
círculo y regresa a su prólogo...
Se puede decir de este Logos
que 'Él es Dios', pero al mismo tiempo también tenemos que decir,
'Él está con Dios'. Dios y el Logos no son dos seres, y sin embargo,
tampoco son simplemente idénticos. En contraste con el Logos, Dios
puede ser concebido (al menos en principio) aparte de su acción
reveladora, aunque no debemos olvidar que la Biblia habla de Dios
sólo en su acción reveladora…
El Logos es la auto-revelacion de
Dios - Dios en acción. Esta acción sólo es objeto del Nuevo
Testamento… Por la propia naturaleza del Nuevo Testamento, no se
puede hablar del Logos, aparte de la acción de Dios. [Oscar Cullman,
La Cristología del Nuevo Testamento (Londres: SCM Press, 1963),
265-66].
En
griego, la palabra "habitó" en Juan 1:14 es
skenoo, que significa
literalmente "tabernaculizó" o "acampó". La Palabra eterna fue
encarnada en una humanidad verdadera. El Espíritu de Dios no fue
transmutado en carne, sino que "Dios se manifestó en carne" (1.
Timoteo 3:16). A través de esta encarnación (personificación
humana), tenemos acceso a la gloria divina, a la gracia y a la
verdad. La Palabra encarnada, muestra la gloria de Dios, comunica la
gracia de la salvación de Dios, y declara la verdad eterna de Dios.
Los trinitarios utilizan los términos "Hijo" y "Palabra" como si
fueran totalmente intercambiables, pero la Biblia habla del Hijo
sólo en referencia a la encarnación. Jesús es el Hijo de Dios,
porque el Espíritu de Dios ocasionó milagrosamente su concepción en
la matriz de la Virgen María (Lucas 1:35). El Hijo fue "nacido de
mujer, y nacido bajo la ley" (Gálatas 4:4), y por tanto, fue
engendrado en un cierto día (Hebreos 1:5). El Hijo es "la imagen del
Dios invisible" (Colosenses 1:15). La Biblia nunca habla de un Hijo
eterno, sino del Hijo unigénito (Juan 3:16). Por el contrario, la
Palabra es Dios en su libre revelación, sin que necesariamente sea
una referencia a la encarnación, y por tanto, es eterna e invisible.
Los dos términos, entonces, están estrechamente relacionados pero
son distintos. La Palabra se hizo carne en la persona de Jesucristo,
el Hijo de Dios. Sólo en ese momento la gente vio "su gloria, gloria
como del unigénito del Padre". La Palabra se reveló en el Hijo. En
otras palabras, el Dios invisible se hizo visible en el Hijo, quien
como un hombre, tiene la relación más cercana posible, o
compañerismo con Dios. "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito
Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Juan
1:18).
En 1.
Juan 1, el apóstol Juan utiliza los mismos temas de la Palabra
eterna y el Hijo engendrado, identificando a "la Palabra" como la
vida eterna del Padre. La vida estuvo siempre con el Padre, pero no
como una persona distinta, así como la vida de un hombre no es una
persona diferente a él. Y esa vida se manifestó a nosotros en el
Hijo. Por lo tanto, disfrutamos de la vida espiritual de hoy, no
sólo porque Dios nuestro Padre nos creó, sino porque Él siempre tuvo
un plan de salvación para nosotros a través del Hijo. "Lo que fue
desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con
nuestros ojos, lo que hemos visto, y nuestras manos han palpado con
relación a la Palabra de vida -la vida se puso de manifiesto, y la
hemos visto, y damos testimonio, y declaramos que la vida eterna que
estaba con el Padre se manifestó a nosotros- lo que hemos visto y
hemos oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis
comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el
Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1. Juan 1:1-3, NKJV).
De
acuerdo con Juan 1 y Juan 1:1, entonces, Jesús es el plan de Dios
promulgado, la mente de Dios revelada, la vida de Dios manifestada.
En resumen, Jesús es Dios revelado en carne para nuestra salvación.
Él explicó, "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene
al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre
conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto" (Juan
14:6-7). Cuando vemos a Jesús, vemos al Padre en la única manera en
que el Padre puede ser visto, ya que el Padre invisible habita en el
hombre visible Jesús (Juan 14:9-10). Cuando aceptamos y aplicamos la
obra expiatoria de Jesús, el Hijo de Dios, entonces la eterna
Palabra de Dios se revela a nosotros. Encontramos el camino, la
verdad, y la vida, y por tanto, somos reconciliados con el único
Dios verdadero, nuestro Padre.
Publicado
por
Julio César Clavijo S.
juliocesarclavijos@yahoo.es |