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Rev. Edwin
López / lasendaantigua.com
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El tema de la murmuración, el chisme y
la falta de respeto hacia las autoridades espirituales puestas por
Dios es uno de los problemas más apremiantes
que enfrenta la iglesia de hoy. En mi experiencia personal de
tener el privilegio de haber vivido toda mi vida dentro del movimiento
del Nombre de Jesús, me ha capacitado hoy para entender y evaluar el
tema de la murmuración, chisme y difamación dentro del pueblo de Dios.
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Cuando miramos hacia la nación de Israel
y todos los ejemplos dados en la Palabra de Dios sobre sus
murmuraciones y dureza de corazón contra los siervos de Dios,
nos damos cuenta que al compararlos con la
iglesia de hoy, no hay dudas de que ambos pueblos son muy similares.
Si hay algo que ha lastimado la vida de muchas personas, tanto de
líderes como pueblo en general, ha sido el pecado de la murmuración,
la difamación y los chismes como un arma mortal dentro de la iglesia
del Señor.
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Está comprobado
el poder que tienen las palabras tanto cuando las usamos positivamente
o cuando las usamos negativamente.
La murmuración , el chisme y la difamación ponen de relieve la
inclinación del hombre a pecar de palabra. Los pecados de la lengua
incluyen las palabras ásperas y ofensivas, la mentira, la murmuración,
el levantar falsos testimonios, los chismes, la calumnia, la
vanagloria, la exageración y la enseñanza de falsas doctrinas.
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Santiago, siervo de Dios, en su epístola
escribió: “la lengua es un miembro pequeño,
pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende
un pequeño fuego! Y la lengua es una fuego, un mundo de maldad. La
lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo,
e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el
infierno” (Santiago 3:5-6).
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En otras palabras cuando la
lengua es usada como un instrumento de maldad, produce contiendas y
rebeliones. La lengua ha sido el
instrumento de confusión y miseria a través de todas las edades del
mundo. Cuando alguien se enoja y se irrita, la circulación de la
sangre se apresura, el corazón late más fuerte, el cuerpo comienza a
producir una gran cantidad de calor, los ojos salen de sus órbitas,
los vasos capilares se llenan de sangre, el rostro enrojece; en
pocas palabras, toda la rueda de la naturaleza es inflamada por el
infierno.
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También me llama la atención cuando
Santiago declara que la lengua está;
“llena de veneno mortal” (3:8). La
compara con la lengua de las serpientes cuando inyectan veneno a
través de las heridas producidas por sus dientes. Santiago
considera la lengua del murmurador, chismoso, difamador maldiciente,
calumniador y detractor como veneno mortal.
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“Hermanos, no murmuréis los
unos de los otros” (Santiago
4:11). El cristiano que continuamente está murmurando, hablando entre
los dientes, quejándose detrás de la espalda del pastor y de los
hermanos, está provocando discordias, disenciones, pleitos, rencillas;
el tal está dando a conocer su escasés de poder espiritual, y una vida
controlada por los impulsos naturales de la carne.
Por esto, Dios nos advierte acerca del mal
uso de la lengua, puesto que puede causar muchísimo daño tanto a las
personas, como a la misma Obra del Señor.
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“Haced todo sin
murmuraciones y contiendas” (Filipenses
2:14). “...todo hombre sea pronto para oír,
tarde para hablar, tardo para airarse...” (Santiago 1:19).
Los creyentes maduros tienen dominio sobre su lengua con la ayuda del
Espíritu Santo, “llevando cautivo todo
pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5).
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La lucha del creyente comprende poner
todos los pensamientos que lo puedan llevar a usar su lengua para
murmurar en linea con la voluntad de Cristo. El no hacerlo nos llevará
a practicar el pecado de la murmuración, del chisme, de la calumnia y
la difamación, provocando la muerte espiritual.
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¿Cómo podemos someter
nuestro pensamiento y nuestra lengua al señorío de Jesucristo?
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(1) Esté consciente de que Dios conoce
cada pensamiento y que nada hay oculto para Él.
Qué tendremos que dar cuenta a Dios de los
pensamientos, las palabras y las acciones con las cuales hemos
afectado a la iglesia del Señor.
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(2) Tenemos que tener presente que los
pensamientos y la lengua nos llevarán a un campo de batalla. Que
muchas de la palabras que hablamos para murmurar vienen de nuestra
naturaleza pecaminosa y otras proceden directamente de las fuerzas
satánicas. Tenemos
que rechazar con firmeza en el nombre de Jesucristo todo impulso de
usar nuestra lengua para murmurar, para chismes o calumniar.
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(3) Resolver
controlar nuestra mente y lengua en el poder del Espíritu Santo
y en las cosas positivas de la iglesia del Señor y no en las cosas
negativas, o faltas de nuestros pastores, líderes y hermanos en Cristo
Jesús.
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(4) Siempre
tenga cuidado con lo que ven sus ojos, y oyen sus oídos en la iglesia.
Acepte que la murmuración, el chisme, la calumnia, la difamación y
toda clase de conversación para desacreditar y desanimar a nuestros
hermanos, la Biblia le llama pecado.
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RECUERDA:
“El hombre malo, el hombre depravado, es el
que anda en perversidad de boca; que guiña los ojos, que habla con
los pies, que hace seña con los dedos. Perversidades hay en su
corazón; anda pensando el mal en todo tiempo; siembra las discordias.
Por lo tanto su calamidad vendrá de repente; Subitamente será
quebrantado, y no habrá remedio”
(Proverbios 6:12-15).
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¡ Qué nuestro Señor
Jesucristo le bendiga ahora y siempre !
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