LA LEY DE LA COSECHA DE DIOS

 

Rev. Edwin López / lasendaantigua.com

 
“Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla;  Más volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas”  (Salmos 126:6).
 
Siguiendo con la responsabilidad que tenemos de adiestrar y equipar a nuestra gente lavada por la sangre de Jesucristo, hoy quiero hablar sobre “LA LEY DE LA COSECHA DE DIOS”.
 
Es nuestra responsabilidad alcanzar a nuestro mundo con el mensaje de salvación.  Se nos ha ordenado que hagamos esto.  Si queremos recoger los manojos o gavillas tenemos que salir al campo y sembrar la semilla.  La Biblia nos enseña que si sembramos la Palabra de Dios en la buena tierra del corazón, ésta crecerá.
 
“Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla;  Más volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas”  (Salmos 126:6).
 
Este pasaje de la escritura es la Ley de la cosecha de Dios.  Esta es irrevocable ... Esta es absoluta ... Esta nunca fallará.  La ley de la cosecha (Salmos 126:6)  está dividida en tres pasos muy importantes.  (1) Ir adelante,  (2) Llorar,  (3) Producir semilla preciosa.
 
Primer paso:  “IR HACIA ADELANTE”:  Esto incluye deseo de ganar a otros para Jesucristo.  Un deseo ferviente es la motivación que llevará al creyente a hacer un esfuerzo evangelístico especial, enfocado en la salvación de los perdidos.  Un alcance efectivo va más allá de la comodidad de estar cerca del hogar,  éste  debe alcanzar a los pecadores donde quiera que estén. “Irá andando”...  Ellos no vendrán a usted,  usted tiene que ir donde están ellos.
 
Segundo paso:  “LLORAR”:  “Irá andando”  “y llorando” ... Llorar comprende más que derramar lágrimas.  Ayunar y orar son los principales motivadores que ayudarán  a lograr ese sentir en nuestro corazón.  Esta clase de motivación agonizará y llorará por la salvación de una ciudad,  por la salvación de un hijo perdido.  En 1 Samuel capítulo uno nos relata la hermosa historia de una mujer llamada Ana llorando porque no podía tener hijos.  Nínguna cantidad de bienestar amoroso de su esposo, Elcana, pudo aliviar la agonía de su deseo insatisfecho de tener un hijo.  “Ella con amargura de alma, oró a Jehová y lloró abundantemente e hizo voto, juramento.”  Su carga  o agobio era tan pesado, que ella  hizo promesas de sacrificio a Dios,  si Él tan solo le permitía tener un hijo.  Dios le dio un hijo llamado Samuel quien iba a ser la salvación de Israel.
 
Otra mujer que lloró por hijos lo fue Raquel... “Dame hijos o si no me muero..”  “y Dios se acordó de Raquel y la escuchó y abrió su matriz”.   El primer hijo que le nació a Raquel lo fue José, quien había de salvar a su familia durante la escasez de alimentos.
 
Con estos dos ejemplos vemos claramente que el deseo de ganar a los perdidos (amigos, parientes u otros) producirá llantos y sacrificios.  “Irá andando”  “y llorando” ...  Estos son elementos esenciales en la verdadera producción de una cosecha fructífera.  No podrá haber una cosecha efectiva sin regar la labor.  Esperanzas no cumplidas traen solamente frustraciones.  Cuando los resultados no llegan, el corazón se enferma con pesar.  Dios no hará nada a menos que se ayune y se ore.  El llorar es esencial para los resultados finales,  pero hay un paso vital más, para el cumplimiento de la ley de la cosecha de Dios.
 
Tercer paso:  “PRODUCIR SEMILLA PRECIOSA”:  Ningún agricultor espera levantar cosecha donde no ha sembrado.  Si se va a obtener una cosecha, tienen que tomarse algunos pasos necesarios. (1) Arar la tierra; (2) La siembra de la semilla; (3) El cultivo y esperar;  estos son los pasos que se siguen hacia la cosecha.  Para poder cosechar fruto de calidad hay que saber preparar bien la tierra donde se sembrará la semilla. El sembrador de la Palabra de Dios tiene que preparar el terreno del corazón de la persona a la cual está evangelizando con mucho amor.  Ese amor lo tienen que sentir los pecadores para que sus corazones sean  suavizados de toda dureza.  Esto tiene que hacerse. Los perdidos no pueden ser salvos con palabras solamente.
 
Cuando el espíritu del que va a ser convertido se enternece, entonces la Palabra de Dios será recibida con gusto.  La Palabra (semilla) será vivificada y vida nueva comenzará.  Con frecuencia, cambios pequeños comienzan a ocurrir antes de una rendición completa.  ¡Que maravilloso y emocionante es observar un milagro ocurriendo ante sus ojos!  “Primero la hierba, luego la espiga, después grano lleno de espiga” (Marcos 4:28).  No podrá haber cosecha sin la siembra de semilla.  Para que un pecador nazca en verdad otra vez, él tiene que tener EL ESPÍRITU y la PALABRA plantada en su corazón.  Un granero completo a la hora de la cosecha, indica que alquien ha mezclado fe con obras y tuvo éxito.
 
El problema que tienen muchos hoy es que no quieren sembrar la semilla.  Ellos están esperando que sea Dios quien vaya y siembre la semilla.  Le hemos pedido a Él que gane almas, cuando la verdad es que ha sido precisamente Él quien nos ha mandado a sembrar la semilla. Tenemos que sembrar la semilla, así como el agicultor siembra su labor.  Cuando un agricultor quiere recoger su cosecha, el no invita a ésta a que entre su granero por si misma, él sale y va y la trae.  Lo mismo es cuando hablamos de ganar almas. Si queremos que las almas perdidas sean salvas tenemos que poner la buena semilla de la Palabra en sus corazones.
 
“... el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la Palabra...” (Mateo 13:23).
 
La semilla (PALABRA) está llena de vida.  Jesús dijo: “...las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”  (Juan 6:63).
 
El apóstol declara en Hebreos 4:12 “La Palabra de Dios es viva y eficaz.”  No hay duda de que existe poder y vida en la Palabra de Dios.
 
El profeta Ezequiel,  en el capítulo 37, relata la historia de haber sido llevado por el Espíritu y haber sido puesto en medio de un valle que estaba lleno de huesos secos.  El Señor preguntó a Ezequiel:  ¿vivirán estos huesos?.  Ezequiel solo pudo responder,  “Señor, tú lo sabes”, el versículo 4 es la clave de esta resurrección milagrosa cuando nos describe lo que sucedió:  “Entonces Él me dijo: profetiza sobre estos huesos y diles:  Huesos secos,  oíd palabra de Jehová.”  La primera predicación de la Palabra ocasionó que los huesos se juntaran y fueran cubiertos con carne y piel.  La segunda profecía de la Palabra al viento, ocasionó que les viniera la respiración y se pararon en sus pies formando un ejército ilimitado.
 
La Palabra de Dios es infalible.  Esta nunca fallará. Isaías declara:  “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que quiero, y será prosperada en aquello para lo que la envié”  (Isaías 55:10-11).
 
Existe un poder en las escrituras para crear vida nueva.  Hemos fallado en creer que la Palabra de Dios no volverá vacía.  La enseñanza de la Palabra (siembra de la semilla) resultará en una cosecha de almas.  La ley de la cosecha espiritual se mantiene cierta hoy cuando damos los tres pasos para que esta se haga una realidad.
 
RECUERDA:  “Ir adelante”“Llorar”;  y  “Producir semilla preciosa”  es deber de cada hijo de Dios.  Por mucho tiempo hemos querido las cosas fáciles.  Hemos esperado que los perdidos lleguen solos a la iglesia sin hacer nuestra labor de involucrarnos en la tarea de ganar y mantener almas para el reino de Jesucristo.
 
Ahora podemos entender lo que significa...  “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla;  Más volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas”  (Salmos 126:6).
 
(Algunas referencias tomadas de la Biblia de Estudio Pentecostal y otras del Estudio Bíblico Reproducción Espíritual de Jack Yonts).
 
¡ Qué nuestro Señor Jesucristo le bendiga ahora y siempre !

 

 

DE REGRESO A ESTUDIOS BIBLICOS

 

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