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Rev.
Edwin López / lasendaantigua.com
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“En aquellos días no había
rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”
(Jueces 17:6).
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Introducción:
En mi tiempo de estudio
personal, me interesé en escudriñar un poco sobre la tribu de Dan.
Los resultados sobre este estudio para mi fueron de gran bendición ya
que pude profundizar y aprender mucho sobre el pecado que esta tribu
cometió. Muchas de las interrogantes que tenía sobre esta tribu
fueron aclaradas y el mensaje que aprendemos aquí lo podemos aplicar a
la vida cristiana de nuestros tiempos.
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El nombre de Dan es nombrado por primera
vez en la Biblia en el libro de Génesis cuando se narra su nacimiento
como hijo de Jacob y Bilha, sierva de Raquel la esposa de Jacob.
“Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y dará a luz sobre
mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella. Así le dio a Bilha
su sierva por mujer; y Jacob se llegó a ella. Y concibió Bilha, y dio
a luz un hijo a Jacob. Dijo entonces Raquel: Me juzgó Dios, y también
oyó mi voz, y me dio un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan” (Génesis
30:3-6).
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Luego en Génesis se nos menciona su
hermano de Neftalí también hijo de Jacob con Bilha;
“Los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí” (Génesis
35:25).
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En el libro de Números se hizo un censo
para organizar a Israel como una nación y un ejército. Cuando se contó
cada uno de los descendientes varones de la tribu de Dan mayores de 21
años, el total fue de 62,700. “De los hijos
de Dan, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus
padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba,
todos los que podían salir a la guerra; los contados de la tribu de
Dan fueron sesenta y dos mil setecientos” (Números 1:38-39).
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Cuando la tierra prometida fue repartida
a cada una de las tribus por Josué, a la tribu de Dan se le asignó
una porción de tierra que se extendía al sudeste de la costa cercana a
Jope, esta tierra lindaba con los filisteos.
“La séptima suerte correspondió a la tribu de los hijos de Dan
conforme a sus familias. Y fue el territorio de su heredad, Zora,
Estaol, Ir-semes, Saalabín, Ajalón, Jetla, Elón, Timnat, Ecrón, Elteque,
Gibetón, Baalat, Jehúd, Bene-berac, Gat-rimón, Mejarcón y Racón, con
el territorio que está delante de Jope. Y les faltó territorio a los
hijos de Dan; y subieron los hijos de Dan y combatieron a Lesem, y
tomándola la hirieron a filo de espada, y tomaron posesión de ella y
habitaron en ella; y llamaron a Lesem, Dan, del nombre de Dan su
padre. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Dan conforme a
sus familias; estas ciudades con sus aldeas” (Josué 19:40-48).
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La tribu de Dan era inferior solo a la
tribu de Judá en cuanto a su número, antes de entrar á Canaán (Números
1:39;26:43). A Dan le asignó una porción de tierra que se extendía al
Sudeste de la costa del mar cercana a Joppe. Lindaba con la tierra de
los filisteos, con quienes la tribu de Dan tuvo mucho que hacer (Jueces
13-16). Su territorio era fértil, pero pequeño, y los nativos de ese
territorio eran poderosos. Por tal motivo una parte de la tribu de
Dan tuvo muchos problemas de poseer toda esa tierra y buscó y
conquistó otra residencia (Josué 19 y Jueces 18).
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El nombre de la tribu de Dan no aparece
en las crónicas (1 Crónicas 2-12), tampoco aparece entre los que
fueron sellados por el ángel en la visión de Juan (Apolaclipsis
7:5-7), y la razón puede hallarse quizás en su mudada parcial a Laish
del territorio que se les asignó por Dios, y en la idolatría en que
cayeron allí. Laish en una época pertenecía a Sidón, y recibió el
nombre de Dan de una porción de esa tribu que la conquistó y reedificó
(Jueces 18). Esta ciudad a donde fue a vivir parte de la tribu de Dan
era una ciudad idólatra (Jueces 18:30-31) y fué en esta ciudad donde
se situó uno de los becerros de oro de Jeroboam (1 Reyes 12:28).
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En el libro de Jueces capítulo 18, se
nos narra como parte de los descendientes de Dan decidieron apoderarse
de la ciudad de Lesem (en este capítulo llamada Lais).
“En aquellos días no había rey en Israel. Y en
aquellos días la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde habitar,
porque hasta entonces no había tenido posesión entre las tribus de
Israel. Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco hombres de
entre ellos, hombres valientes, de Zora y Estaol, para que
reconociesen y explorasen bien la tierra; y les dijeron: Id y
reconoced la tierra” (Jueces 18:1-2).
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“No había tenido posesión”...
Es decir, no habían llegado a tener una extensión de territorio
suficiente para ellos. Algunas familias todavía no tenían su heredad
o no les era suficiente la que poseían, porque en Josué 19:47 leemos;
“Y les faltó
territorio a los hijos de Dan; y subieron los hijos de Dan y
combatieron a Lesem”.
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Es aquí en el libro de Jueces capítulo
18 donde se nos describe con más detalles como fue que los
descedientes de Dan se apoderaron y conquistaron la ciudad de Lesem (Lais).
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Fueron cinco hombres que reconocieron la
tierra de Lais: “Entonces aquellos cinco
hombres salieron, y vinieron a Lais; y vieron que el pueblo que
habitaba en ella estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la
costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella región les
perturbase en cosa alguna, ni había quien poseyese el reino. Y estaban
lejos de los sidonios, y no tenían negocios con nadie. Volviendo,
pues, ellos a sus hermanos en Zora y Estaol, sus hermanos les dijeron:
¿Qué hay? Y ellos respondieron: Levantaos, subamos contra ellos;
porque nosotros hemos explorado la región, y hemos visto que es muy
buena; ¿y vosotros no haréis nada? No seáis perezosos en poneros en
marcha para ir a tomar posesión de la tierra. Cuando vayáis,
llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra muy espaciosa, pues Dios
la ha entregado en vuestras manos; lugar donde no hay falta de cosa
alguna que haya en la tierra. Entonces salieron de allí, de Zora y de
Estaol, seiscientos hombres de la familia de Dan, armados de armas de
guerra” (Jueces 18:7-11). Una vez conquistada la ciudad Lais
fue llamada Dan.
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Otro relato curioso sobre los
descendientes de Dan lo vemos en este capítulo (18) de Jueces.
Sucedió cuando los seiscientos hombres de la familia de Dan se le
acercaron al Levita que Micaía había contratado para que fuera el
sacerdote de su familia. El problema estaba en que Micaías estaba
completamente fuera de la voluntad de Dios cuando contrató al Levita
como sacerdote. Micaía no se sometió a la autoridad de la revelación
inspirada y escrita de Dios por medio de Moisés,
se engaño a sí mismo e hizo lo que bien le
parecía (!7:6), mientras al mismo tiempo quebrantaba los
claros mandamientos de las escrituras. Su pecado incluía hurto
(17:2), adoración de ídolos (17:3-5), desobediencia de los
mandamientos de Dios (17: 6), y designación de su propio hijo como
sacerdote (17:5-13).
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Los seiscientos hombres de la familia de
Dan le agradó la idea de que el levita de Micaía fuera su sacerdote en
la nueva ciudad de Dan. “Y los seiscientos
hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados de sus armas de
guerra a la entrada de la puerta. Y subiendo los cinco hombres que
habían ido a reconocer la tierra, entraron allá y tomaron la imagen de
talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición, mientras
estaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos
hombres armados de armas de guerra. Entrando, pues, aquéllos en la
casa de Micaía, tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y
la imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis vosotros?
Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca, y vente con
nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas
tú sacerdote en casa de un solo hombre, que de una tribu y familia de
Israel? Y se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el efod y
los terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo” (Jueces
18:16-20).
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Esta acción fue un mal comienzo para la
tribu de Dan en la ciudad recién conquistada;
“Y ellos, llevando las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el
sacerdote que tenía, llegaron a Lais” (18:27).
“Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan,
conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien que antes se
llamaba la ciudad Lais. Y los hijos de Dan levantaron para sí la
imagen de talla; y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus
hijos fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día del
cautiverio de la tierra. Así tuvieron levantada entre ellos la imagen
de talla que Micaía había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios
estuvo en Silo” (18:29-31). La idolatría fue el terrible
pecado practicado por la tribu de Dan llevándolos completamente fuera
de la voluntad de Dios.
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Otra de las cosas que sabemos sobre los
descendientes de Dan, es que el pueblo de los filisteos se convirtió
en el enemigo principal de la tribu de Dan y del pueblo hebreo en
general hasta la época de David, debido a su destreza para hacer armas
de hierro, ellos tenían ventaja militar sobre Israel.
“Y en toda la tierra de Israel no se hallaba
herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no
hagan espada o lanza. Por lo cual todos los de Israel tenían que
descender a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su
azadón, su hacha o su hoz. Y el precio era un pim por las rejas de
arado y por los azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar
las hachas y por componer las aguijadas. Así aconteció que en el día
de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de ninguno del
pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su
hijo, que las tenían” (I Samuel 13:19-22).
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La famosa historia de Sansón fue parte
de la historia de la tribu de Dan. De la tribu de Dan nació Sansón
quien se convirtió en un juez (jefe militar) contra los filisteos.
Fue precisamente en una época donde los descendientes de Dan estaban
pasando por una decadencia moral, social y espiritual. Sansón fue
juez durante veinte años, pero nunca tuvo éxito en liberar al pueblo
de la opresión de los filisteos. Su hoja de servicios constaba sólo
de esporádicas hazañas contra aquella nación pagana. ¿Qué podría
haber realizado Dios por medio de Sansón si él hubiera sido fiel a su
llamamiento y se hubiera dedicado genuinamente al propósito de Dios
para su vida como el libertador escogido de Israel?
(Jueces caps. 13-16).
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¿Por qué la tribu de Dan no es
mencionada en Apocalipsis 7:5-8?
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Apocalipsis 7:5-8:
“De la tribu de Judá, doce mil sellados. De
la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil
sellados. De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de
Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados.
De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce
mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados. De la tribu
de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados.
De la tribu de Benjamín, doce mil sellados”.
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En primer lugar,
observamos al leer estos versículos que aquí se menciona a la tribu de
Leví, aunque esta tribu no tenía herencia (no se le repartió tierra
como a las otras tribus); pero ahora pertenecían al sacerdocio
espiritual. Es por eso que en estos versículos de Apocalipsis son
mencionados.
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En segundo lugar,
observamos también que aquí se omite a las tribus de Dan y Efraín, que
tenían herencia.
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En tercer lugar,
observamos que se agrega la tribu de José en lugar de las tribus de
Dan y Efraín. No había una tribu nombrada José, sino los hijos
Manasés y Efraín. La tribus de Efraín y Dan fueron las principales
promotoras de la idolatría, aquí en Apocalipsis se las deja fuera en
esta enumeración. Fue en Efraín y en Dan donde Jeroboam edificó dos
becerros de oro para que el pueblo ofreciera sacrificios sin tener que
ir a Jerusalén.
“... hizo el rey dos becerros de oro... uno lo puso en Betel (Efraín)
y otro en Dan... y el pueblo iba a adorar “ (1Reyes 12:25-33).
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Solo puedo decir mí,
que veo claramente una enseñanza espiritual en este pequeño detalle de
no aparecer la tribu de Dan entre los escogidos sellados de
Apocalipsis. Me viene a mi mente Apocalipsis 3:5 que dice:
“El que venciere será vestido de vestiduras
blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida”. La
tribu de Dan falló en conquistar el territorio designado por Dios para
ellos. Prefirieron moverse a otra ciudad para finalmente caer en la
práctica del pecado de la idolatría. Es claro que el lápiz de Dios
con el cual escribe en el libro de la vida tiene borrador. Cualquier
persona que después de haberle conocido a Él y no persevere en su
Palabra, su nombre será borrado del libro de la vida.
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ALGO PARA RECORDAR:
Las personas que hacen lo que bien les parece inevitablemente hacen lo
que es malo ante de los ojos de Dios. “En
aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le
parecía” (Jueces 17:6). Esa actitud anárquica es tan frecuente
en la actualidad como lo fue en la época de Micaía y la tribu de Dan.
Las personas quieren hacer su propia voluntad y toman a mal que se les
diga lo que pueden o no pueden hacer, aunque sea dicho por Dios mismo
y su Palabra. Los que pasan por alto las normas absolutas de Dios y
prefieren los subjetivos deseos humanos terminarán en el caos
espiritual, moral y social. Cuando se rechaza el camino de Dios, el
resultado siempre será desorden, desesperanza, y muerte. Tanto los
individuos como la sociedad llegan a la destrucción. Los verdaderos
creyentes, por otra parte, se someterán gustosamente a las normas y a
los valores de Dios como están revelados en su Palabra escrita.
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(Algunas referencias
tomadas de “El Diccionario Bíblico de la Santa Biblia;
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La Bblia de Estudio
Pentecostal; y El Comentario Bíblico de Adam Clarke).
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¡ Qué
nuestro Señor Jesucristo le bendiga ahora y siempre !
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