- Rev. Edwin López
/ lasendaantigua.com
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Introducción:
Como líder puedo notar que hay un clamor angustioso por un liderazgo
responsable dentro de la iglesia de hoy. Nuestras iglesias, en estos
momentos, tienen la imperiosa necesidad de un liderazgo sólido, leal,
seguro y eficaz. Solo el liderazgo dinámico y eficaz nos llevará
hacia la clave para encontrar el crecimiento y el éxito que tanto
necesitamos.
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Para entender este tema lo
primero que debemos definir es la palabra liderato.
Si no sabemos lo que es liderato en vano marchamos en todos los
programas que emprendamos dentro de la iglesia.
Liderato es la capacidad
para hacer que las cosas se realicen; es actuar para ayudar a que
otros trabajen en un ambiente dentro del cual cada individuo que
presta servicios bajo su dirección se sienta animado y estimulado
hasta el punto en que se le ayuda a descubrir sus más plenas
capacidades para ofrecer una contribución significativa.
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Dios siempre ha
llamado a hombres a quienes les ha delegado el trabajo de liderazgo.
Entonces, el hombre llamado por Dios lo reconocemos como un líder. El
líder es quien guía las actividades de otros y donde él mismo actua y
ejecuta para hacer que se produzcan dichas actividades. Es un hombre
que tiene la visión y fe, que tiene la capacidad de interesarse y
comprender a todos los que trabajan con él. Los hombres de fe siempre
han sido hombres de acción, quienes toman la iniciativa y quienes
toman decisiones que motivan a todos los demás a utilizar sus mejores
capacidades para lograr sus metas.
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¿Es bíblico el tema del
liderato? Creo que todo
principio básico y honorable del liderato y de la administración tiene
su raíz y su fundamento en la Palabra de Dios. La Biblia está llena
de ejemplos que nos presentan a Dios busca de dirigentes, y cuando los
encontró, los utilizó plenamente, en la medida en que satisfacían los
requisitos espirituales establecidos por Dios, a pesar de las
deficiencias humanas de ellos.
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Cuando
estudiamos la vida de los líderes en la Biblia encontramos que la
mayoría de ellos experimentaron fracasos en algún tiempo de sus vidas.
Muchos de ellos fracazaron de manera notable en algún punto; pero la
clave de su éxito estuvo en que nunca se arrastraron en el polvo. Del
fracazo aprendieron lecciones, se arrepintieron, y luego fueron
utilizados en forma aún más poderosa.
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Consideremos
hoy el liderato de El Rey David.
Cuando hablamos del liderato de David, estamos hablando de un
vigoroso líder espiritual. David fue el segundo rey de Israel,
manifestó un contratraste sorprendente con Saúl, el primer rey.
Mientras David fue noble, generoso y admirable, Saúl fue innoble y
careció de la mayoría de las cualidades que uno espera en los líderes.
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David ascendió al trono unos 1,000 años
antes de Jesucristo, y reinó unos 40 años aproximadamente. Dirigió
muchas guerras de conquista, estableció el fundamento para el imperio
salomónico e inició un período de explendor y poder para la nación
israelita que nunca ha sido igualado. Las proezas de David fueron
respaldadas por la bendición de Dios. No es difícil hallar las
razones de su éxito.
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Cuando los ancianos de Israel se
acercaron a David reconocieron que él tenía muchas cualidades genuinas
y fuertes rasgos de dirigentes. “(1) Vinieron
todas las tribus de Israel a David en Hebrón y hablaron diciendo:
Henos aquí hueso tuyo y carne tuya somos. (2) Y aun antes de ahora
cuando Saúl reinaba sobre nosotros eras tú quien sacabas a Israel a la
guerra y lo volvías a traer. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás
a mi pueblo Israel y tú serás príncipe sobre Israel. (3) Vinieron
pues todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón y el rey David hizo
pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por
rey sobre Israel. (4) Era David de treinta años cuando comenzó a
reinar y reinó cuarenta años. (5) En Hebrón reinó sobre Judá siete
años y seis meses y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre todo
Israel y Judá” (2 Samuel 5:1-3).
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Como líder, David poseyó
cualidades que atraían a otros.
El no fue a buscar a los ancianos; éstos acudieron a él;
“ Vinieron
pues todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón” (2 Samuel
5:3a). El había gobernado bien a Judá durante siete años, y había
toda clase de razones para creer que también gobernaría bien a todas
las tribus. David hizo un juramento de lealtad al pueblo, y se
comprometió a protegerlo como juez en tiempo de paz y como capitán en
tiempo de guerra. Ellos a la vez se comprometieron a rendir lealtad y
obediencia a David como soberano de elloas bajo la dirección de Dios.
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Las valientes conquistas y
la sabia administración fueron
elementos importantes en la gloria del reinado de David. Su
primerísima hazaña luego de llegar a ser rey de todo Israel fue
capturar a Jerusalén de las manos de los jebuseos y convertirla en la
capital de las doce tribus. El demostró su valor al asaltar y tomar la
ciudad. Desplegó su sagacidad política y
administrativa también cuando convirtió a la ciudad en la
capital.
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Hubo varios secretos en la
gloria de David como líder:
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(1) Una sabia diplomacia distinguió su
reinado:
“También Hiram rey de Tiro envió embajadores a
David, y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros,
los cuales edificaron la casa de David” (2 Samuel 5:11). La
generosidad del rey y los atractivos rasgos de su personalidad le
ganaron muchos aliados. El sabía a la vez aplacar a los enemigos y
ganar amigos. Se dejaba apreciar. Hacía amigos rápidamente, en tanto
que Saúl tenía la extraña habilidad para alienarse de la gente. Estos
rasgos hicieron que David tuviera éxito como diplomático. A aquellos
que no respondían a su naturaleza generosa, los trataba por la fuerza.
Pero los sabios, como Hiram, rey de Tiro, cultivaban su amistad y le
enviaban representantes para ofrecerle favores.
Los líderes tienen que tener esta cualidad:
la de tratar y dirigir a otros de tal modo que las contribuciones de
ellos puedan ser utilizadas con ventaja.
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(2) El Hecho de que David reconoció al
Señor en todas las bendiciones que recibió hizo notable su reinado:
“Y
entendió David que Jehová le había confirmado por rey sobre Israel, y
que había engrandecido su reino por amor de su pueblo Israel”
(2 Samuel 5:12). El no se acreditópersonalmente todo el éxito y la
próperidad. No se manifestó jactancioso ni presuncioso, como muchos
que tienen hambre de poder. Humildemente atribuyó su éxito al poder
del Señor, y consideró a Israel como el pueblo del Señor. Y él mismo
se consideró como un líder que estaba bajo la autoridad de Dios, ante
el cual se consideraba responsable de su gobierno.
Los líderes cristianos que dirigen al pueblo
de Dios de este modo no necesitan preocuparse nunca con respecto al
éxito. Cuando reconocen que su mayor respopnsabilidad es para con el
Señor, eso establece toda la diferencia del mundo.
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(3) David buscó constantemente la
bendicón del Señor:
“(12) Fue dado aviso al rey David, diciendo:
Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa
del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de
Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David.
(13) Y cuando los que llevaban el arca de Dios habían andado seis
pasos, él sacrificó un buey y un carnero engordado. (14) Y David
danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido
con un efod de lino. (15) Así David y toda la casa de Israel
conducían el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta”
(2 Samuel 6:12-15). Este pasaje se refiere a la ocasión en que el
arca fue llevada a Jerusalén. Ya se había hecho un intento para
recuperarla, pero un levita llamado Uza puso la mano sobre ella para
sostenerla, acto que constituía un desafío a un mandamiento de la ley
(Números 4:15). El arca del pacto fue llevada a la ciudad de
Jerusalén. El arca estaba al cuidado de Obed-edom el geteo. Los que
observaban el arca se daban cuenta de que toda la casa de Obed-edom
estaba prosperando a causa de que el arca estaba en casa de El. Estas
noticias se las dieron a David. Al oírlas, procedió a llevar el arca
a la ciudad. El sabía la necesidad absoluta
de contar con la bendición de Dios sobre su obra y su administración.
El líder cristiano de hoy no necesita un deseo menor para su vida y su
obra.
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(4) David, como líder, no se avergonzó
de tomar parte en los ejércicios espirituales:
El pudo reconocer la necesidad del sacrificio por el pecado:
“Y cuando los que llevaban el arca de Dios
habían andado seis pasos, él sacrificó un buey y un carnero engordado”
(2 Samuel 6:12). En esta ocasión se tomaron todas las precauciones
para asegurar que el arca fuese conducida en forma apropiada hacia la
ciudad. Rectificó el error anterior. No colocó el arca en una
carroza, sino que aquellos a quienes correspondía la llevaran sobre
sus hombros. David tampoco sintió verguenza de alabar al Señor y darle
las gracias (2 Samuel 6:14). “Danzó delante
del Señor con toda su fuerza”. Saltaba de gozo porque su
corazón estaba lleno de alegría, y se sentía tan lleno de la gloria
del Señor que casi se olvidó del hecho de que, al fin y al cabo, él
era un rey de altísima dignidad. Esto, más
que cualquier otra cosa, nos permite penetrar en el corazón de un
hombre que amó al Señor tanto que no le importó lo que pensara la
gente.
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(5) Finalmente, David, un líder
vigoroso, condujo a su pueblo en la alabanza al Señor:
“Así David y toda la casa de Israel conducían
el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta” (2 Samuel
6:15). El gran rey no consideró que era rebajar su dignidad el dejar
a un lado la púrpura real y vestirse con una vestidura sencilla (un
efod de lino), con el fin de servir mejor a su pueblo. El resultado
fue que el pueblollevó el arca a Jerusalén con grandes aclamaciones,
con demostraciones de regocijo. Llevaron el arca a la ciudad de David
y la colocaron en el lugar que el rey había provisto. Con la
presencia del arca, Dios estaba en medio de su pueblo.
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David demostró claramente que el líder
cristiano también debe estar dispuesto a utilizar los medios
espirituales para moldear, estimular y dirigir continuamente a todos
los que están bajo su responsablidad. En la obra espiritual más bien
esperamos eso. En el mundo secular, muchos se apartan de ello por
timidez. Sin embargo, los principios permanecen. Dios siempre
bendecirá a aquellos que lo veneran altamente, sin importar cuál es el
esfuerzo que hagan.
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(Algunas notas
resumidas del Libro “Un lider no nace, se hace” por Ted W. Engstrom).
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