EL LIDERATO MAGNIFICO DE JOSÉ

 

Rev. Edwin López / lasendaantigua.com
 
Introducción:  Como líder puedo notar que hay un clamor angustioso por un liderazgo responsable dentro de la iglesia de hoy.  Nuestras iglesias, en estos momentos,  tienen la imperiosa necesidad de un liderazgo sólido, leal, seguro y eficaz.  Solo el liderazgo dinámico y eficaz  nos llevará  hacia  la clave para encontrar el crecimiento y el éxito que tanto necesitamos.
 
Para entender este tema lo primero que debemos definir es la palabra liderato.  Si no sabemos lo que es liderato en vano marchamos en todos los programas que emprendamos dentro de la iglesia.  Liderato es la capacidad para hacer que las cosas se realicen;  es actuar para ayudar a que otros trabajen en un ambiente dentro del cual cada individuo que presta servicios bajo su dirección se sienta animado y estimulado hasta el punto en que se le ayuda a descubrir sus más plenas capacidades para ofrecer una contribución significativa.
 
Dios siempre ha llamado a hombres a quienes les ha delegado el trabajo de liderazgo.  Entonces, el hombre llamado por Dios lo reconocemos como un líder.  El líder es quien guía las actividades de otros y donde él mismo actua y ejecuta para hacer que se produzcan dichas actividades.  Es un hombre que tiene la visión y fe,  que tiene la capacidad de interesarse y comprender a todos los que trabajan con él.  Los hombres de fe siempre han sido hombres de acción, quienes toman la iniciativa y quienes toman decisiones que motivan a todos los demás a utilizar sus mejores capacidades para lograr sus metas.
 
¿Es bíblico el tema del liderato?  Creo que todo principio básico y honorable del liderato y de la administración tiene su raíz y su fundamento en la Palabra de Dios.  La Biblia está llena de ejemplos que nos presentan a Dios busca de dirigentes, y cuando los encontró,  los utilizó plenamente, en la medida en que satisfacían los requisitos espirituales establecidos por Dios, a pesar de las deficiencias humanas de ellos.
 
Cuando estudiamos la vida de los líderes en la Biblia encontramos que la mayoría de ellos experimentaron fracasos en algún tiempo de sus vidas.  Muchos de ellos fracazaron de manera notable en algún punto;  pero la clave de su éxito estuvo en que nunca se arrastraron en el polvo.  Del fracazo aprendieron lecciones, se arrepintieron, y luego fueron utilizados en forma aún más poderosa.
 
Consideremos hoy el liderato de José.  En toda la historia biblica el ejemplo más magnífico de capacidad para el liderato lo fue el de José.  De la historia de José  podemos recordar que él fue colocado en una alta posición administrativa en Egipto no mucho tiempo después de que sus envidiosos hermanos lo vendieron a una caravana que pasaba. A José se le dio el cargo de administrar la monumental cosecha de Egipto.  Luego vinieron los horribles años de hambre, la distribución de los materiales, los víveres, la satisfacción de todas las quejas, el manejo de los agravios.
 
En Génesis 41:14-57 leemos sobre este magnifico ejemplo de organización;  (14) “Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón.  (15) Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para interpretarlos.  (16) Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón.   (17) Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño me parecía que estaba a la orilla del río;  (18) y que del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacían en el prado.  (19) Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en fealdad en toda la tierra de Egipto.  (20) Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas;  (21) y éstas entraban en sus entrañas, mas no se conocía que hubiesen entrado, porque la apariencia de las flacas era aún mala, como al principio. Y yo desperté.  (22) Vi también soñando, que siete espigas crecían en una misma caña, llenas y hermosas. 
 (23) Y que otras siete espigas menudas, marchitas, abatidas del viento solano, crecían después de ellas; (24) y las espigas menudas devoraban a las siete espigas hermosas; y lo he dicho a los magos, mas no hay quien me lo interprete.
 
(25) Entonces respondió José a Faraón: El sueño de Faraón es uno mismo; Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer.  (26) Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo. (27) También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, son siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del viento solano, siete años serán de hambre. (28) Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón.  (29) He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.  (30) Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la abundancia erá olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra. (31) Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del hambre siguiente la cual será gravísima.  (32) Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.
 
(33) Por
tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto. (34) Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia. (35) Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo. (36) Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre.  (37) El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos, (38) y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? 
(39)
Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú.
 

(40)
Tú estarás sobre mi casa,  y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú. (41) Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. (42) Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello;  (43) y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto. (44) Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto. (45) Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.  (46) Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón rey de Egipto; y salió José de delante de Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto. (47) En aquellos siete años de abundancia la tierra produjo a montones. 
 
(48) Y él reunió todo el alimento de los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y guardó alimento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el alimento del campo de sus alrededores. (49) Recogió José trigo como arena del mar, mucho en extremo, hasta no poderse contar, porque no tenía número. (50) Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. (51) Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. (52) Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.
(53) Así se cumplieron los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto. 
 
(54) Y comenzaron a venir los siete años del hambre,  como José había dicho; y hubo hambre en todos los países, mas en toda la tierra de Egipto había pan.  (55) Cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamó a Faraón por pan. Y dijo Faraón a todos los egipcios: Id a José, y haced lo que él os dijere.  (56) Y el hambre estaba por toda la extensión del país. Entonces abrió José todo granero donde había, y vendía a los egipcios; porque había crecido el hambre en la tierra de Egipto.  (57) Y de toda la tierra venían a Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre. 
 
Me llama mucho la atención como Dios nos enseña a través del liderato de José lo que el puede hacer con un hombre que se deje guiar hacia Su perfecta voluntad  Pero Dios no sólo implantó las capacidades en el cerebro de José de tal modo que actuara instintivamente sin pensar.  Creo que Dios no obra con los hombres de ese modo.  Cuando nosotros como lideres demostramos y ejercitamos las cualidades del liderato, creo 100% que nuestro Señor nos guiará a poner atención en las areas de nuestras vidas que necesitan ser adiestradas y preparadas en el conocimiento de la Palabra de Dios.  Todo líder debe de estudiar y capacitarse en todos los temas que conciernen a mejorar la capacidad de trabajo en la iglesia de del Señor.
 
La Biblia nos ofrece una visión clara del hombre: “Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino”....(Isaías 53:6). Este ejemplo bíblico nos enseña que así como las ovejas tienen que ser dirigidas para que todo el rebaño se mueva por un solo sendero, así los grupos de personas dentro de la iglesia del Señor, necesitan dirección a fin de que sus esfuerzos y energías sean encauzados hacia una meta común. Esta dirección  que necesita la gente tiene que venir desde arriba.  Dios así lo ha ordenado, y la Escritura nos lo enseña de muchas maneras.
 
Por ejemplo:  Moisés estableció limites de autoridad después del consejo de su suegro Jetro (Éxodo 18:13-27).  “(13) Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde.  (14) Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?  (15) Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios.  (16) Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes.  (17) Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces.  (18)  Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.
 
(19) Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios.  (20) Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer.  (21) Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez.  (22) Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo. 
 
(23) Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar.  (24) Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo. (25) Escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez.  (26) Y juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo asunto pequeño. (27) Y despidió Moisés a su suegro, y éste se fue a su tierra.
 
El sacerdocio aarónico se estableció con un sumo sacerdote, y órdenes sacerdotales de varias categorías bajo la dirección de él (1 Crónicas 24).
 
El marido es la cabeza del hogar, y una revelación paralela existe en la iglesia (1 Timoteo 3:4-5).  “(4) que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad  (5) (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?
 
Es importante reconocer que en el plan de Dios, la autoridad fluye desde los altos niveles hacia los inferiores.  A pesar de que la Biblia nos da ejemplos del verdadero liderato y sobre los niveles de autoridad ordenados por Dios,  muchos hermanos,  líderes,  pastores  y  aspirantes al ministerio están rehusando  someterse en un buen espíritu a las autoridades puestas por Dios en la iglesia.  Estos obreros cristianos pueden hacerse un mal servicio y hacérselo también a sus organizaciones,  al negarse a aceptar la autoridad debidamente constituida.
 
Estamos escuchando en estos tiempos comentarios como estos:  “yo soy independiente, a mí nadie me da órdenes”;  “a mí me guía el Espíritu Santo y no el hombre”;  “yo no creo en organización de nínguna clase”;  “yo no creo en concilios”;  “no creemos en caciques, aquí todos somos indios”. Sin embargo la Palabra de Dios dice:  “Sométase toda persona a las autoridades superiores” (Romanos 13:1).  Recordamos al soldado romanoque le solicitó al Señor que fuera a su casa para que sanara a su siervo, diciéndole:  “Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.  Al oír esto,  Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía:  Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Lucas 7:6-9).
 
Ahora quiero que entiéndan que estoy hablando de autoridad responsable, no de autoridad abusiva, partidista,  injusta  y manipuladora que bastante daño le ha hecho a la obra del Señor.  Todo hombre de Dios se sujeta a la autoridad que viene de Dios y es responsable.  Lo deseable es que la autoridad no sea impuesta de mala voluntad, que no sea omnipotente, ni insensible, ni falta de entendimiento.  Aquellos a quienes se encomienda la autoridad han sido puestos por Dios para que la utilicen con responsabilidad para el cumplimiento de los propósitos de Él.  Los propósitos de finales de Dios y los de la organización, “ojalá que solo sea una”,  tienen que ser de suprema importancia.
 
La sensibilidad hacia las necesidades de los que están sirviendo y de los que están recibiendo el servicio es esencial.  Necesitamos líderes sencibles, que sepan usar la autoridad de Dios en sus lideratos con sabiduría y amor.  Que no desangren al pueblo, que no destruyan reputaciones, que no abusen de la autoridad, que sean equitativos y justos en sus decisiones, y sobre todo que sean humildes, que es una de las cualidades que debe de distinguir a todo líder.  Siempre he dicho que: “se capturan más moscas con miel, que con hiel.”  Cuando los líderes ejércen con sensibilidad, humildad y amor de Dios  su capacidad de liderato siempre será recibida por aquellos hombres de Dios que están bajo la autoridad de la persona que la ejerce.
 
Para concluir podemos entender con claridad que el liderato de José se distinguió y fue todo un éxito por sus capacidades administrativas, creativas, sabías, y sencibles.  Sobre todo porque él siempre se sujetó a la autoridad de Dios y se dejó también guiar por los planes de Dios. No hubo abusos de autoridad de su parte, supo guiar a miles de obreros en armonía para lograr el éxito de sus planes logrando un liderato de excelencia.  La capacidad de perdonar a sus propios hermanos que tanto daño le habían hecho, lo hizo grande ante los ojos de Dios y ante los ojos de todos los que aspiramos a tener un liderato de excelencia como el de él.  Sobre todas las cosas... “Jehová estaba con él”.
 
(Algunas notas resumidas del Libro “Un lider no nace, se hace”  por Ted W. Engstrom).

 

 

DE REGRESO A ESTUDIOS BIBLICOS

 

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