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Por Ralph Vincent Reynolds
“Palabra
fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario
que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio,
prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar” (1 Timoteo3:1-2).
Hay
dos elementos en la predicación: Verdad y Personalidad. El evangelio
es personal; Jesucristo es la Verdad. Así, la verdad debe ser
comunicada a través de la persona. El mensaje es entregado a través de
la misma vida del mensajero. Un predicador no puede predicar un
mensaje más fuerte que la vida que él vive. Su carácter mismo y alma
hablan a su pueblo en cada mensaje que entrega. La vida que vive ante
su grey y el ejemplo que da predicando un mensaje más convencedor a la
iglesia que todas las palabras que él habla. Un hombre no puede guiar
a su grey más allá del punto que él mismo ha alcanzado. Un hombre no
puede levantar su pueblo más alto que la cumbre que él mismo ha
escalado.
En
ningún otro llamamiento o profesión, el trabajo de un hombre es tan
afectado por su propia persona y carácter. Un doctor puede ser un
borrachón y todavía ser reconocido cómo un médico experimentado en su
comunidad; un abogado puede ser deshonesto, pero todavía reconocido
como el abogado más hábil en la ciudad. Pero no es así con el ministro
o pastor. El tiene que practicar lo que predica. En el ministerio el
“ser” es más importante y llevará más influencia que el “hacer.”
En
este estudio estamos haciendo una lista parcial de cualidades que
describen el carácter de un pastor. Esta lista de características ha
sido tomada del libro “Cumpliendo Nuestro Ministerio.” “Palabra
fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario
que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio,
prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar” (1 Timoteo3:1-2).
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El Pastor debe ser un Cristiano:
El debe ser mas que un seguidor de Cristo de profesión solamente.
El debe conocer a Jesús como su Salvador personal habiendo recibido
la salvación completa del Nuevo Testamento y viviendo en comunión
completa con su Salvador. El debe ser un cristiano en palabra y en
hecho. El ministro nunca debe rendirse a cualquier cosa que es
pecado.
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El Pastor debe ser un Caballero:
El debe ser cortés y considerado con todos. Debe
ser una persona sociable, moviéndose libremente entre la grey. No
solamente debe tener la habilidad de moverse con facilidad, pero
debe poseer la habilidad de hacer sentir cómodos a los que están en
su compañía. La consideración pensativa de otros es absolutamente
necesaria.
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El Pastor debe ser un Individuo:
El ministerio pastoral no es para un loro o una máquina repetidora.
El no debe ser solamente un “imitador” o una “grabadora.” El tiene
que ser él mismo exactamente como Dios le hizo.
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El Pastor debe ser un Ejemplo:
Un pastor debe guardar en su mente que todos los ojos están fijados
en él. El ejemplo que él da tendrá una influencia profunda sobre las
vidas de todos. “…sino se ejemplo de los creyentes en palabra,
conducta, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).
“…presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la
enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e
irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga
nada malo que decir de vosotros.” “no como teniendo señorío sobre
los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.”
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El Pastor debe ser un Líder:
El ministro del evangelio es un líder. Las ovejas son para ser
guiadas, no para ser empujadas. Hay muchas cualidades que el líder
necesita como la confianza, estabilidad, convicciones firmes y poder
de decisión, pero en el ministerio las cualidades más importantes
del liderato son amor verdadero para el pueblo y simpatía sincera
por ellos en todos sus problemas. No hay substituto para eso.
Siempre debe recordar que él es un padre de la grey, no un fanfarrón
ni un dictador.
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El Pastor debe ser un hombre de Dignidad y
Seriedad: El Apóstol Pablo,
escribiendo a ambos, Timoteo y Tito, declara que los ministros deben
ser sobrios. También escribe que los diáconos deben ser serios y aun
sus esposas deben ser serias y sobrias. Esto no quiere decir que el
hombre de Dios tiene que ser apesadumbrado y triste, porque el
hombre de Dios aun bajo presión fuerte, debe mantener una conducta
feliz en público o en privado. Lo que quiere decir sobrio y serio es
que no hay lugar para la frivolidad y tonterías no tienen lugar en
la vida del ministro. El no es un payaso que tratará de hacer
malabarismos para entretener a la congregación.
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El Pastor debe tener un gran Amor para las almas:
La vida entera del ministro es una de gran sacrificio. Una de las
cosas que más le va a distinguir y que le causará dar su vida
voluntariamente por las almas es el amor. No hay substituto para el
amor en el corazón del pastor.
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El debe ser un Pastor de Convicciones Profundas y
Unidad de Propósitos: El tiene que
saber lo que hay que hacer y no dejar que nada intervenga ni le
distraiga de su propósito. El sabrá lo que cree y estará listo para
morir por sus convicciones. Un hombre sin convicciones es inestable
y sin valor en el ministerio. A la vez, él debe mantener un espíritu
humilde y dispuesto a aprender. Convicciones fuertes no deben ser
confundidas con una vida “espiritualmente orgullosa y egoísta.”
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El Pastor debe ser un hombre de Coraje:
Muchas veces el hombre de Dios tendrá que
pararse solo contra toda clase de oposición. El tiene que mantenerse
en la verdad y justicia, aunque esto signifique tomar una posición
en contra de sus mejores amigos y sus seguidores más fieles. No
puede medir con dos varas al pueblo. El no debe tener miedo del
hombre, ni del pecado, ni del diablo.
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El Pastor debe ser un hombre de Fe:
El coraje (valentía) y la fe van juntos. El
pastor será valiente si tiene una fe viva en Dios. La fe le dará
confianza y denuedo santo para predicar el evangelio contra toda
oposición. La fe le dará la victoria sobre los poderes del infierno
mismo.
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El Pastor debe ser un hombre Separado:
Los hijos de Dios son una gente separada.
Esto es necesario para ser aceptable como Sus hijos. “Por lo
cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor” (2
Corintios 6:17). Es una separación del mundo. Después, el
ministro es separado por el Espíritu Santo del resto de la iglesia
para el ministerio. “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo
el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que
los he llamdado” (Hechos 13:2).
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El Pastor debe ser un hombre de Santidad:
La verdad, para que sea efectiva debe
venir por medio de un hombre, y por eso él debe ser un hombre santo.
La gente debe sentir la realidad que él conoce a Dios, y que Dios
está en su vida. Su vida debe ser pura y libre totalmente de hábitos
malos. “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible” (1
Timoteo 3:2). “Consérvate puro” (1 Timoteo 5:22).
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El Pastor debe ser un hombre lleno del Espíritu
Santo: Es el Espíritu Santo quien le
pone en el cuerpo; es el Espíritu Santo quien le limpia, le
santifica y le hace santo; es el Espíritu Santo quien le separa y le
llama a la obra del ministerio; es el Espíritu Santo quien le dota
de poder para predicar el evangelio. Sin el Espíritu Santo un hombre
no tiene porqué considerar aun el ministerio.
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El Pastor debe ser un hombre de Paciencia:
La falta de responder por parte de su
pueblo a sus obras personales y públicas con ellos puede probar
diariamente su paciencia. Que recuerde el pastor que cuando el
pierde su paciencia con la confianza en un individuo, su habilidad
para ayudar y ministrar a esa persona es terminada. Aun cuando él
tiene que castigar y reprender fielmente, debe hacerlo con
paciencia. A veces el ministro tiene que esperar años para la
cosecha después de haber sembrado la semilla fielmente. Se requiere
paciencia para ser un buen pescador.
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El Pastor debe ser un hombre de Discreción y
Prudencia: El ministro del evangelio
debe ser un estudiante de la naturaleza humana y entender como
tratar con cada uno sin causar ofensa. Una palabra apresurada a
veces puede causar ofensa que destruirá la influencia de muchos
meses de fiel ministerio. “El que gana almas es sabio”
(Proverbios 11:30).
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El Pastor debe ser un hombre Humilde:
La humildad verdadera es una actitud del corazón. Es simplemente ser
“él mismo” sin aires o pensamientos de vanagloria. Cualquier hombre,
a pesar de su experiencia, edad o grado de buen éxito, puede llegar
a ser obsesionado con un espíritu exaltado. Que el ministro de Dios
guarde su vida clavada en la cruz; que recuerde él que su vida está
muerta. Es solamente cuando se queda así que Dios le puede usar.
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El Pastor debe ser un hombre de Integridad
Absoluta y Honestidad Incuestionable:
En todos los asuntos de finanzas, él debe ser
honesto hasta el último centavo. ¿Cómo puede ser él un mayordomo de
los misterios de Dios, si es infiel en las cosas materiales de la
vida? La palabra del ministro será tan buena como algo garantizado
por obligación escrita. El será honorable en todos sus negocios con
su prójimo, y cuando él da su palabra o hace una promesa, guardará
su palabra, aunque requiera sacrificio por su parte.
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El Pastor debe ser un Estudiante Constante:
La obra grande del pastor es alimentar a las ovejas, pero antes de
alimentar a otros, él mismo debe ser alimentado por el Gran Pastor
de la Palabra de Dios. Si él no estudia, su ministerio pronto
llegará a ser seco. Es necesario que él acumule maná fresco de los
cielos diariamente si su ministerio va a seguir fresco y vivo.
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El Pastor debe ser Industrioso:
La pereza simplemente no tiene lugar en el ministerio. No hay
profesión que es tan activa que la de predicar el evangelio. Este
ministerio requiere todo lo que tiene el hombre de Dios. Aquí, como
en otras profesiones, no hay substitución para el trabajo duro.
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El Pastor debe ser un hombre de Orden:
Su vida debe ser bien ordenada. El debe tener un tiempo fijo para
levantarse y acostarse. Debe comer sus comidas en horas fijas. El
debe tener un tiempo fijo para estudiar y orar, descansar,
relajarse, y para la visitación pastoral. Sólo por seguir un sistema
y orden puede evitar el mal gasto del tiempo el cual es tan
precioso. Hábitos regulares también tienden a guardarle sano y en
buenas condiciones. El ministro debe ser puntual y nunca tarde para
cualquier cita.
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El Pastor debe ser un hombre de Oración:
Su ministerio entero depende de su vida de oración. Un ministerio
sin oración matará las verdades de Dios. Será el tiempo que pasa en
oración lo que le dará poder y autoridad en el púlpito. Sin oración
no hay visión, sin oración no hay llamado.
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El Pastor debe ser un hombre de Unción:
La unción es la bendición rica del Espíritu
Santo que es absolutamente necesaria a toda predicación verdadera.
La unción divina es una cosa que separa a los ministros verdaderos
de todos los demás. Un predicador y maestro sin unción es como una
comida sin sazón, es como sal insípida.
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El Pastor debe Gobernar bien su propia Casa:
Mucha oración y atención debe ser dado
a su propio hogar y familia. A veces el ministro está tan ocupado
con los problemas y necesidades de otros que descuida su propio
hogar con los resultados que ellos salen de su control. Cuando esto
sucede, su obra en la iglesia se hace más difícil. “…Que gobierne
bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad
(pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿Cómo cuidará de la
iglesia de Dios) 1 de Timoteo 3:4-5.
DE REGRESO A ESTUDIOS BIBLICOS
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