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Rev.
Edwin López / lasendaantigua.com
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“Orando en
todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en
ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”
(Efesios 6:18).
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Saludo en el Glorioso Nombre de Jesús a
todos mis hermanos y amigos que visitan nuestra Website de La Senda
Antigua. Es aquí donde compartimos y aprendemos de la Palabra de
Dios para nuestro crecimiento espiritual. Hoy quiero compartir
contigo una enseñanza acerca de la importancia de entender “El Camino
de la Oración”.
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“Mas tú, cuando ores, entra
en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en
secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”
(Mateo 6:6).
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La oración es devoción de comunión
espiritual. Es el medio a través del cual la humanidad se enlaza a sí
misma con Dios. Es el medio de Dios para suplir las necesidades del
hombre. Es la voz del hombre que entra al corazón de Dios. La
oración es eterna. La oración perdura mucho después de que los labios
de los que oraron son cerrados por la muerte. Ellas sobreviven a una
generación, sobreviven a una era, sobreviven al mundo.
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El orar, es el empleo celestial más
noble de todos. A través de la oración, el curso de la naturaleza se
ha detenido, milagros se han forjado, y reinos han sido sometidos.
Dios escucha con atención a la voz del hombre. La oración ha sido el
único medio a través del cual Dios ha puesto en movimiento un
principio más alto que todas las otras leyes. Jesús dijo:
“Si algo pidiéres en mi nombre, Yo lo haré”
(Juan 14:14).
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La oración es un privilegio que nos
permite entrar directo a la presencia de Dios. Antes del Calvario,
solamente el sumo sacerdote le era permitido entrar al lugar santísimo,
donde moraba la presencia de Dios. Sin embargo, por la muerte del
Salvador, el velo de separación fue rasgado y el arca del pacto se
hizo accesible a todos los que creen en su nombre.
“Mas a todos los que le recibieron, a los que
creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”
(Juan 1:12).
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Ahora Jesús se convirtió en nuestro Sumo
Sacerdote, y nosotros somos del sacerdocio santo que viene ante la
presencia del Rey. Pobre del individuo que estime ligeramente el
privilegio de venir ante tal lugar santo y sagrado como el lugar de
oración, frente a Él que es el Rey de reyes y Señor de señores. Venir
ante la presencia de nuestro Señor Jesucristo por medio de la oración
y estar frente a su majestad y gloria, un privilegio que tenemos para
poder dar, pedir y recibir de Él.
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“En aquel día no me
preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto
pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre;
pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan
16:23-24).
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Podemos decir con mucha seguridad que la
oración es una necesidad en la vida del cristiano. En todo ministerio
el orar siempre ha sido algo muy importante. Entre más oramos, mejor
será el mundo y más poderosa la fuerza en contra del mal dondequiera.
Hablar a los hombres acerca de Dios es una gran cosa, pero hablarle a
Dios acerca de los hombres, es más grande aún. El que primero no ha
aprendido cómo hablarle a Dios por los hombres, nunca hablará bien a
los hombres por Dios.
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Uno que ve la necesidad de orar tiene
que mirar a su Maestro: “Levantándose muy de
mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto y
ahí oraba” (Marcos 1:35). Jesús fue siempre un hombre ocupado,
pero nunca tan ocupado para no tener tiempo de orar. Asuntos divinos
llenaban su corazón y sus manos, consumían su tiempo, y agotaban sus
nervios, Jesús completaba el día con obras y empleaba la noche para
orar. El laborar de día, hizo una necesidad el orar de noche. El
orar de noche santificaba y hacía más próspero el trabajo del día.
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ORAR ES
CAMINAR CON DIOS:
Es a través de la oración que caminamos con Dios. Diariamente se
están elevando clamores ante el trono de Dios, para ser liberados de
la esclavitud de la corrupción, para caminar con Él por las avenidas
celestiales. Esta no es simplemente otra era o dispensación; ésta es
la generación sobre la cuál viene el fin de la tierra y por necesidad,
tenemos que caminar con Dios. No estamos buscando una revelación o un
despertar espiritual, sino la salvación que resulta en un caminar
sobrenatural con un Dios sobrenatural. Dios quiere encontrarse con el
hombre tanto como el hombre desea encontrarse con Dios y aún más. Sí
no hay tiempo para orar, ¿Quiere uno realmente al Señor?
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LA ORACIÓN NOS DA UNCIÓN:
La unción es aquello indefinible e indescriptible que penetra el
corazón y los efectos vienen directamente de los portales de Su gloria.
No puede ser manufacturada por el hombre, sino que es creada por una
perseverancia intensa y seria de un orar consistente. La unción no
viene a la mente de un cuarto de estudio, ni por un diploma, ni por un
título de doctor, ni por posiciones de privilegios, sino que la
unción viene de lo que almacenamos en nuestros corazones a través de
la oración.
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La unción es un obsequio de Dios. Esta
es la orden de la caballería otorgada a los escogidos, a los
verdaderos y constantes que han buscado este honor ungido a través de
muchas horas de batalla a través de la oración, con lágrimas y
agonías. Necesitamos más que una habladita con Dios, necesitamos
sacar tiempo sin reloj si queremos ser cristianos ungidos. Tenemos
que despertar y aprender a orar para que nuestras oraciones sean
válidas y llenas de unción de Dios, como lo fueron las oraciones
apostólicas que distinguieron a la iglesia primitiva.
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ORACIONES
CONTESTADAS:
Las oraciones contestadas son la garantía de que uno ha orado
correctamente. Súplicas contestadas traen gloria y honor al nombre
del Señor Jesús. Estas revelan, reordenan, y revolucionan los
propósitos del hombre. Cuando las oraciones son contestadas, esto
predice la buena voluntad de nuestro Señor Jesús de someter Su poder
al nivel del pensar del hombre. Oraciones contestadas anuncian el
placer del Creador de vivir dentro y trabajar entre sus criaturas.
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Lamentablemente muchos de los que
profesan salvación quieren contestaciones instantáneas a oraciones
instantáneas. Vivimos en una época de imitaciones instantáneas. Han
pasado los días cuando los santos se atareaban en oración de común
acuerdo sobre alguna situación o enfermedad, hasta que las huestes
malignas eran dispersadas y la víctima se levantaba victoriosa. La
oración de poder y autoridad pone a trabajar a Dios, a los ángeles y
al hombre. Esta alcanza hasta el dominio de lo oculto y trae a la
tierra las fuerzas del cielo.
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La misericordia, el perdón, el poder y
autoridad de Dios en favor de la iglesia se ha hecho dependiente al
extremo, que Él mismo no se compromete a obrar entre los hombres, si
los hombres no oran. La obra de Dios se detiene o avanza, según la
devoción y dedicación que ponga el que ora. En los profetas y en los
apóstoles tenemos el mejor ejemplo de la utilidad, fuerza y necesidad
de orar.
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RECUERDA:
El mismo Señor Jesús nos dice: “Si
permanecéis en Mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo
lo que queréis y os será hecho” (Juan 15:7). Piensa sobre el
extraordinario convenio de Dios para los que oran. En realidad, Él
se coloca a la orden de una iglesia que ora. Es una inspiración
maravillosa, el hacer la obra de Dios según su manera, por el camino
de la oración.
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(Algunas referencias
tomadas de la Biblia de Estudio Pentecostal y otras del Estudio
Bíblico Principios de la Oración de J. T. Pugh).
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