Por Edwing López /
www.lasendaantigua.com
Hoy quiero compartir
con todo el liderato de las iglesias la importancia de entender lo que
debe ser en nuestras vidas de lideres la “Disciplina Espiritual”. Sin
esta no podemos ser usados con unción y tampoco podemos hacer la
perfecta voluntad de Dios en el cumplimiento de nuestras
responsabilidades.
Defino Disciplina de
la siguiente manera: “Disciplina es el entrenamiento que corrige,
moldea, perfecciona las facultades mentales o el carácter moral del
individuo.”
Defino Disciplina
Espiritual de la siguiente manera: “Disciplina Espiritual incluye
toda instrucción, toda prueba y corrección, y todo lo que proviene de
Dios para que podamos cultivar en nuestras vidas el carácter de Dios.”
“Porque
la gracias de Dios se ha manifestado a todos los hombres, enseñándonos
que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos vivamos en este
siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12).
“El que tiene en poco su disciplina
menosprecia su alma” (Proverbios
15:32).
En Hebreos 12:3-11
leemos que somos hijos de Dios. Él es nuestro Padre. El Padre que nos
ama como hijos nos disciplina. Esta es otra manera de decir que Dios
no quiere “CRISTIANOS CONSENTIDOS.” En un mundo turbulento como el
que vivimos, Dios necesita líderes disciplinados, guerreros en la fe,
genuínos, listos para la batalla. La salvación y la Disciplina son
inseperables. Por eso la gracia de Dios que nos da salvación también
nos disciplina. Dios no salva y llama a un líder para luego dejarlo
solo viviendo un estilo de vida inmadura y pecaminosa. Muchos hoy día
dicen ser hijos de Dios, pero caminan solos, se diregen solos, porque
no permiten que el Espíritu Santo les enseñe a decir NO a las cosas
que no le agradan a Dios.
“Pero si os deja sin disciplina, de la cual
todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”
(Hebreos 12:8).
“No todo el que me dice: Señor, Señor,
entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi
Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).
“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la
fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos,
que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”
(2 Corintios 13:5).
Dios estará en usted
hasta que usted falle en hacer este éxamen. ¿Hay evidencia en su vida
de que usted ha muerto al pecado para vivir con Jesucristo? Es la
disciplina de Dios la que nos enseña a crecer espiritualmente. Es
posible ser un sincero seguidor de Jesucristo y a la misma vez ser
indiciplinado en diferentes áreas de la vida.
La palabra
Disciplina conlleva una serie de significados o interpretaciones:
(1) Para el niño;
significa ser forzado a cumplir con algo que él no desea hacer, pero
lo hace porque se se rebela, él reconoce que va a ser castigado.
(2) Para el soldado;
comformidad a las regulaciones militares. Obediencia inelegible o sin
opción.
(3) Para el
estudiante; significa el curso de aprendizaje con requerimientos
especificos, reglas y exámenes académicos sobre la carrera escogida.
(4) Para el
cristiano; significa discipulado. Seguir a Jesucristo negándose así
mismo y con la determinación de cargar su cruz hasta el fin.
La disciplina en la
que opera el niño, el estudiante, el soldado, y el discípulo es una
disciplina impuesta. Es decir que están forzados a cumplir sin opción,
porque su desobediencia resultaría en castigo. Podemos decir que hay
dos tipos de disciplina; La Impuesta y la Auto-disciplina.
Disciplina
Impuesta: Es la que cumplimos porque tenemos que cumplirla. Esta
es ejercitada en base a intimidación.
Auto-Disciplina:
Es la disciplina que caracteriza al individuo que ha alcanzado madurez
en su vida. Todas sus acciones, sus deseos, su tiempo, sus finanzas
están bajo control. No porque alguien se lo exige, sino porque la
contestura de su carácter se lo dicta así.
El apóstol Pablo
demuestra el tipo de auto-disciplina o una disciplina perfecta cuando
nos dice: “Sino que golpeo mi cuerpo, y
lo pongo en servidumbre” (1 Corintios 9:27).
Hay un versículo que
dice: “Si Jehová no edificare la casa, en
vano trabajan los que la edifican: Si Jehová no guardare la ciudad,
en vano vela la guardia” (Salmos 127:1). Es precisamente
esta verdad la que me lleva a pensar que hay una disciplina a la cual
yo le llamo “Disciplina Dependiente.” Esta la quiero ilustrar
con un ejemplo:
Imaginate que estás
sentado en un avión a 35,000 pies de altura. De momento el piloto
habla y le dice a los pasajeros. Tenemos una emergencia, una de las
alas del avión esta por remperse, ¿Cuál de las dos alas prefieres? ¿La
derecha o la izquierda? ¿No es esta una prregunta tonta? Sabemos que
no hay avión que pueda volar con una sola ala. Ambas son muy
necesarias para el balance del avión. Así como el avión necesita las
dos alas, nosotros también necesitamos Disciplina y Dependencia
para lograr la santidad que Dios espera de nosotros.
El apótol Pablo
exhorta a Timoteo: “Ejercítate para la
piedad...” “la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta
vida presente, y y de la venidera”
(1 Timoteo 4:7-8). En otras palabras adiéstrate, disciplínate
para que seas piadoso. Pablo usó la palabra ejercítate para referirse
al entrenamiento espiritual. La Ilustración del avión nos enseña que
nosotros no debemos de llevar nuestras responsabilidades por nuestras
propias fuerzas o habilidades. Nosotros debemos depender del Espíritu
Santo para que nos habilite. Dependemos de Dios pero Dios nos
habilita para que hagamos el trabajo; Él no hace el trabajo por
nosotros.
Un buen ejemplo de
Disciplina Dependiente lo encontramos en Nehemías 4:8-9:
“y conspiraron todos a una para venir y
atacar a Jerusalén y hacerle daño. Entonces oramos a nuestro Dios, y
por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche”.
Nehemías dice que oraron y pusieron guarda. Él reconoció que dependía
de Dios, pero Él también aceptó su responsabilidad de trabajar
haciendo guardia de día y de noche. Definitivamente necesitamos las
dos alas del avión Disciplina y Dependencia. No podemos volar
con un ala solamente en nuestra vida espiritual y ministerial.
La Disciplina de
Orar: Dependemos de Dios cuando practicamos la Disciplina de la
oración. La oración es la expresión de nuestra dependencia total en
Dios. El escritor del Salmo 119 nos ensena acerca de la Disciplina de
la oración en busca de la santidad. Veamos los versículos 33-37 de
este Salmo 119.
“Enséñame, oh Jehová, el camino de tus
estatutos, y los guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y
guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón. Guíame por la
senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad.
Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia.
Aparta mis ojos, que no vean la vanidad. Avívame en tu
camino.”
El salmista quiere
que Dios le enseñe a Él, que le de entendimiento, y que lo guíe por la
senda de Sus mandamientos. El también quiere que Dios trabaje
directamente en su corazón, que su corazón busque Sus estatutos y que
aparte sus ojos de las cosas vanas. Ahora note como su Disciplina
guarda la Palabra de Dios.
“En mi corazón he guardado tus dichos,
para no pecar contra tí. Bendito tú, oh Jehová; Enséñame tus
estatutos. Con mis labios he contado todos tus juicios de tu
boca. Me he gozado en el camino de tus testimonios más que
toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré
tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me
olvidaré de tus palabras” (Salmos 119:11-16).
El salmista ha
guardado la Palabra de Dios en su corazón. Él lo ha contado a otros,
Él se regocija en obecederlos, Él medita en ellos y Él no se olvidará
de Su palabra. El salmista no era solamente un hombre de Disciplina,
Él era también un hombre de oración. Él practicó lo que yo llamo “Disciplina
y Dependencia.”
“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas,
oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres”
(1 Timoteo 2:2).
La oración es la
expresión más antigua, más universal y más intensa del instinto
cristiano. Incluye el habla más sincera de los labios de un niño y
las sublimes súplicas de los ancianos. Todas alcanzan la Majestad de
lo Alto. Efectivamente la oración es el aliento vital y el aire
nativo del cristiano. No obstante, aunque paresca extraño, la mayoría
de los cristianos les parece que es difícil orar. No se deleitan
naturalmente en acercarse a Dios. A veces hablan con poca sinceridad
acerca de la delicia y poder de la oración. Se le llama a la oración
imprescindible, se sabe muy bien que las escrituras lo exigen. Sin
embargo, a menudo no se cumple con la oración.
Tomemos aliento de
las vidas de líderes santos quienes vencieron esta renuencia natural y
volvámonos poderosos en oración. Un eminente cristiano confesó:
“Cuando voy a orar hallo que mi corazón es muy reacio en acudir, y
cuando está con Él, muy reacio en quedarse.” Por lo tanto la
Auto-Disciplina tiene una misión.
“Cuando uno se siente menos dispuesto a orar, no debe ceder, sino que
debe porfiar y esforzarse en orar, aun cuando piense que no puede.”
Tenemos que dedicar un tiempo para la oración. Siempre encontramos
tiempo para las cosas importantes. La excusa más común para el poco
tiempo dedicado a la oración es la lista de “cosas para hacer” que
atestan nuestro día; todas nuestras obligaciones.
Un gran ejemplo en la
Disciplina de la oración lo encontramos en nuestro Señor Jesucristo.
Si la oración fuera absurda o innecesaria, Jesús no habria perdido el
tiempo en ella. La oración era la característica dominante de Su vida
y una recurrente de Su enseñanza. El Señor Jesús pasaba noches en
oración; “En aquellos días él fue al
monte a orar, y pasó la noche orando” (Lucas 6:12). A
menudo se levantaba antes del alba para orar;
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy
oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”
(Marcos 1:35).
Las grandes crisis de
Su vida y ministerio comenzaron con períodos de oración especial como
en Lucas 5:16: “más Él se apartaba a
lugares desiertos, y oraba.” Mediante palabra y ejemplo
instruyó a sus discípulos en la importancia de estar solo en la
oración. Después de alimentar a los cinco mil;
“Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar”
(Marcos 6:46). Antes de la transfiguración;
“Aconteció como ocho días después de estas
palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar”
(Lucas 9:28).
La verdadera oración
es un ejercicio espiritual vigoroso que demanda la máxima disciplina y
concentración mentales. Nos alienta notar que el apóstol Pablo,
quien probablemente sea el mayor campeón humano de la oración confesó:
“Pues qué hemos de pedir como conviene, no lo
sabemos...”, “pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con
gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cual es
la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios
intercede por los santos” (Romanos 8:26-27).
El orar en el
Espíritu es importante por dos razones. Primero, debemos orar en el
reino del Espíritu, porque el Espíritu Santo es la esfera y atmósfera
de la vida del cristiano. Segundo, debemos orar en el poder del
Espíritu Santo: “orando en todo tiempo con
toda oración y súplica en el
Espíritu Santo...” (Efesios 6:18). Para su tarea
sobrehumana, la oración exige más que poder humano.
La Biblia a menudo
habla de la oración como una batalla espiritual.
“Porque no tenemos lucha contra sangre y
carne, sino contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes
espirituales de maldad en las regiones celestes” ( Efesios
6:12).
En esta fase de lucha
de la oración están involucradas tres personalidades, entre Dios y el
diablo está el cristiano en oración. Aunque débil cuando está solo,
el cristiano desempeña un papel estratégico en la lucha entre el
dragón y el cordero. El cristiano de oración no ejerce poder y
autoridad personales, sólo la autoridad que le ha delegado Jesús el
victorioso, a quien ese fiel creyente está unido por la fe.
La Disciplina del
Ayuno: Los discípulos le preguntaron al Señor, ¿por qué no
pudieron echar fuera el demonio del muchacho lunático? Jesús les
contestó: “Por vuestra poca fe; porque
decierto os digo, que si tuvieres fe como un grano de mostaza, diréis
a este monte Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será
imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno”
(Mateo 17:20-21).
Ayunar significa
abstenerse de alimento. El ayuno humilla y purifica el alma delante de
Dios y crucifica los apetitos de la carne permitiendo usar ese tiempo
en la oración. Pone de manifiesto la buena fe al buscar a Dios
excluyendo todo lo demás. Muestra obediencia, le da descanso al
sistema digestivo, manifiesta la mayordomía del hombre sobre los
apetitos carnales, ayuda contra la tentación y a obtener victoria
sobre el poder del enemigo, desarrolla la fe, crucifica la
incredulidad y ayuda en la oración.
El ayuno y la oración
es guerra, es lucha. Hay fuerzas opositoras, hay cruces en el campo
espiritual. La persona que ora con ayuno está avisando al cielo que
lo está haciendo verdaderamente en serio, que no se dará por vencido
hasta recibir la bendición de Dios. Puede ser que durante el tiempo
de ayuno, lo mismo que para el maestro, usted tenga conflicto con los
poderes de las tinieblas. Satanás frecuentemente intentará tomar
partido de su condición física para lanzar su ataque. El desaliento
es una de sus armas. Esté en guardia en todo momento.
El ayuno rompe
cadenas de cautividad. El Señor preguntó:
“¿No es más bien el ayuno que yo escogí
desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión y
dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?” (Isaías
58:6).
También vemos un buen
ejemplo del poder que hay en el ayuno, en la situación en que se
encontró la reina Ester. “Porque si
callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de
alguna otra parte para los judíos; más tú y la casa de tu padre
pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino? Y
Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos
que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres
días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y
entonces entraré a ver al Rey, aunque no sea conforme a la ley; y si
perezco, que perezca” (Ester 4:14-16).
La reina Ester es un
ejemplo bíblico de cuan firme puede llegar a ser un líder mediante la
Disciplina Espiritual. Ante la crisis que la amenazaba a ella y a su
pueblo con ser eliminados, ella convocó a su gente a un período de
ayuno y oración antes de tomar acción por su cuenta. Disciplinándose
ella y su pueblo a través del ayuno y la oración, fue actuando poco a
poco, paso a paso. Así vemos en la historia de Ester un modelo
excelente de como hacer nuestra propia guerra espiritual.
La Disciplina de
la Lectura: La Disciplina Espiritual además de depender de la
oración y el ayuno, también depende de disciplinarnos en la lectura de
la Palabra de Dios. “Trae, cuando vengas...
los libros, mayormente los pergaminos”
(2 Timoteo
4:13).
“La lectura hace a un hombre completo; el
idioma, lo hace preparado; la escritura, lo hace exacto” (Francis
Bacon).
El consejo del apóstol Pablo a Timoteo
“Ocupate de la lectura,”
seguramente se refería a la lectura pública del
Antiguo Testamento. Pero el consejo de Pablo es más apropiado para
otros temas de lectura también. Los libros de Pablo, los que quería
que Timoteo le trajera, probablemente eran las obras de la historia de
los judíos, explicaciones de la Ley y los profetas.
Los líderes espirituales de cada generación
deben tener una pasión consumidora por conocer la Palabra de Dios
mediante el estudio diligente y la iluminación del
Espíritu Santo. Necesitamos un
liderazgo cristiano de calidad. La obra del Señor Jesús requiere algo
más que mediocridades. Los jóvenes de hoy jamás llegarán a ser los
dirigentes espirituales del mañana sin una profunda dedicación a la
Palabra de Dios, tanto viva como escrita.
La Biblia es esencial para la salvación;
“Así que la fe es por el oír, y
el oír, por la palabra de Dios” (Romanos
10:17).
La Biblia es esencial para el crecimiento
cristiano; “desead, como niños
recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella
crezcáis para salvación” (1 Pedro
2:2).
La Bilia es esencial para la comunión con
Cristo; “Hermanos, no os escribo
mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde
el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído
desde el principio” (1 Juan 2:7).
La Biblia es esencial para la pureza de
vida (Salmos 119:9-11); y para un servicio eficaz;
“así será mi palabra que sale de mi boca;
no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será
prosperada en aquello para que la envié”
(Isaías 55:11).
La Biblia es el fundamento de toda vida
cristiana.
El líder que preocura crecer espiritual e
intelectualmente debe leer continuamente para mantenerse al día con la
leyes de los diferentes casos. Por ejemplo los médicos deben leer para
mantenerse al corriente con el mundo siempre cambiante del
cuidado de la salud. Por lo tanto el líder espiritual debe adquirir
dominio de la Palabra de Dios y sus principios, para aplicarlos a las
situaciones y problemas que se presentan en la actualidad. Debe de
estar preparado para ayudar a todos los que necesitan ser guíados.
Para lograrlo, el líder debe tener
una vida activa en la lectura.
Definitivamente la Disciplina Espiritual
es todo lo que necesitamos para estar en la perfecta voluntad de Dios.
“Disciplina Espiritual incluye toda instrucción, toda prueba
y corrección, y todo lo que proviene de Dios para que podamos cultivar
en nuestras vidas el carácter de Dios.”
Esta no debe de ser impuesta sino que debe de ser una Auto-Disciplina
que es la disciplina que caracteriza al individuo que ha alcanzado
madurez en su vida. Donde todas sus acciones, sus deseos, su tiempo,
sus finanzas están bajo control. No porque alguien se lo exige, sino
porque la contestura de su carácter se lo dicta así.
Recuerda que así como
el avión necesita las dos alas, nosotros también necesitamos
Disciplina y Dependencia para lograr la santidad que Dios
espera de nosotros. La Ilustración del avión nos enseña que nosotros
no debemos de llevar nuestras responsabilidades por nuestras propias
fuerzas o habilidades. Nosotros debemos depender del Espíritu Santo
para que nos habilite. Dependemos de Dios
pero Dios nos habilita para que hagamos el trabajo; Él no hace el
trabajo por nosotros. Dependemos de la oración, dependemos del
ayuno, dependemos de la lectura y estudio de la Palabra de Dios.
Definitivamente necesitamos las dos alas del avión Disciplina y
Dependencia. No podemos volar con una ala solamente en nuestra
vida espiritual y ministerial. La Disciplina Espiritual es necesaria.
¡ Qué
nuestro Señor Jesucristo le bendiga ahora y siempre !
Atentamente: Rev. Edwin López / Presidente
Iglesia Pentecostal La Senda Antigua
Phoenix,
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DE REGRESO A ESTUDIOS BIBLICOS